La paz, al igual que otros muchos conceptos, ha ido evolucionando en su definición. Siguiendo la obra de Groff, L. y Smoker, P. (1996), Vicenç. Fisas (1998, cfr. 21-22) establece seis pasos al hablar de la evolución del concepto de paz:
1. Paz como ausencia de guerra, vista, sobre todo, como guerra entre Estados.
2. Paz como equilibrio dinámico de factores, sociales, políticos, económicos, tecnológicos. La guerra aparece con el desequilibrio de uno o más factores respecto de los demás.
3. Paz como paz negativa (ausencia de violencia directa) y paz positiva (ausencia de violencia estructural o indirecta: propia de las estructuras sociales que soportan algún tipo de desigualdad: económica, política, social, militar, cultural). Johan Galtung introdujo estos conceptos en 1969. Este autor ha definido la violencia como la causa de la diferencia entre lo potencial y lo efectivo (...) cuando lo potencial es mayor que lo efectivo y ello sea evitable (...) (Galtung, 1985, 31). Por tanto, la violencia es algo evitable que obstaculiza la autorrealización humana (Galtung, 1981, 96) explicando que las personas sufran realizaciones afectivas, somáticas y mentales (...) por debajo de sus realizaciones potenciales (Galtung, 1985, 31) debido a la situación evitable que padecen.
4. Paz como paz feminista. La paz, tanto negativa como positiva, fue definida, hasta los años ochenta, sólo a nivel macro. Pero la paz negativa no sólo es la ausencia de violencia organizada a nivel macro (guerra) sino también, la ausencia de violencia no organizada a nivel micro (malos tratos a mujeres, niños, etc.) Se introdujo entonces, dentro de la paz positiva, la distinción entre organizada y no organizada. Esta última se definió como ausencia de desigualdades y represión en las microestructuras (cfr. Brock-Utne, Brigitte, 1989 y 1990). La perspectiva feminista ha subrayado lo concreto, el nivel micro para que se tenga en cuenta junto al nivel macro, general y abstracto de la perspectiva masculina; la sensibilidad y el reconocimiento de la diferencia (pueblos y seres humanos diferentes, perspectiva femenina) con la construcción de la justicia y de la igualdad (perspectiva general, masculina), ambas en el concepto de paz positiva (cfr. Betty Reardon, 1982, 1985, 1993). Como afirma Martínez Guzmán (1998, cfr. 309-352): Este punto de vista femenino nos ayuda a considerar las relaciones humanas desde una perspectiva más de relación personal que estructural, más inclusiva que exclusiva (...) usando un concepto más holista de seguridad no ligado solamente a las fronteras del estado-nación, a ser cooperantes más que competitivos (...) características que se han considerado femeninas.
5. Paz Holística-Gaia, en la que se subraya la importancia de las relaciones de los seres humanos con el planeta.
6. Paz holística interna y externa. En la paz global con el planeta se incluye también los aspectos espirituales. Aquí podríamos situar a la ecología profunda, culturas indígenas o la cultura de los aborígenes australianos.
En la actualidad aún sigue predominando el concepto negativo de paz, como ausencia de guerra o de violencia en vez de considerarla como algo positivo en sí mismo. Los educadores y otras personas requieren una visión de la paz como opción realista y sólida, merecedora de una seria estimación que pueda brindar una alternativa a un modelo de sociedad contituido sobre conceptos patriarcales. El modelo predominante de la sociedad es aquél en que se glorifican la guerra y el militarismo y en donde a los valores masculinos de agresividad, competición y progreso científico se consideran superiores a aquellos otros que a menudo tienen la connotación innata de femeninos, como la cooperación, la asistencia y el cuidado de otros y del conjunto del planeta .
El hecho de ser pacífico a menudo está asociado con el de ser pasivo y se estima que un estado de paz es aquél en donde no existe conflicto. Lo que reconoce la educación para la paz es que el conflicto constituye a menudo un trampolín del desarrollo; no postula la eliminación del conflicto sino que busca modos creativos y menos violentos de resolverlo. El conocimiento de que puede haber mejores métodos para hacer las cosas constituirá quizá un gran aliciente para hallar solucione nuevas y juega un papel vital en la constitución de un ambiente más pacífico. No es fácil optar por dicho camino pero puede resultar ciertamente dinámico, retador e interesante. Así la paz no es simplemente un estado de existencia en el que los individuos acepten con pasividad el status quo sino que, por el contrario, se trata de un proceso activo que busca modos no violentos y creativos de relacionarse.
Existe también una relación entre paz y justicia, en especial la justicia social, porque no puede haber paz verdadera si existen graves injusticias en el seno de una sociedad. Se cual fuere la forma que adopte la injusticia, excluye por definición la posibilidad de que haya un estado de paz positiva. Se suscita entonces la cuestión de si está justificado el uso de la violencia en la pugna por el logro de la justicia social. En este aspecto hay varias posiciones; quienes abogan por el uso de la fuerza en algunas situaciones para resolver las injusticias y quienes, en calidad de pacifistas, postulan que los medios para resolver estas situaciones deben ser congruentes con los fines, es decir, si buscamos una situación justa y pacífica, debemos utilizar métodos de solución que hagan uso de la paz en lugar de la violencia.


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