A semejanza de lo que ocurre con el alcohol, muchas otras sustancias, disuelven las inhibiciones que provocan directa o indirectamente, disfunciones sexuales. Entre otras, la cocaína, el LSD, el opio y la morfina. Tal vez la más conocida de todas, sea la marihuana, denominada en portugués, "maconha". Su efecto de estimulación, suele ser indirecto, en particular, al principio de su consumo. La droga distorsiona la percepción del tiempo y puede producir la ilusión de que el orgasmo se está prolongando. Además, la marihuana vuelve al usuario muy sugestionable. Por lo tanto, si le atribuye a la droga, efectos afrodisíacos, con certeza, va a tener esos efectos, en particular, durante las primeras veces del consumo. Sin embargo, al igual que la mayoría de las drogas, como afrodisíaco, es un verdadero fracaso. Además, su consumo reiterado, produce dificultades eréctiles y del Deseo sexual en ambos sexos, pudiendo provocar hiperprolactinemia (una hormona segregada por la hipófisis) cuya consecuencia más objetiva, sería la de estimular el crecimiento de las glándulas mamarias de los hombres y de las mujeres (ginecomastia), acompañada muchas veces, de dolor.