
Hasta ahora las películas sólo se podían ver o escuchar. Desde hoy, además, se pueden oler.
Una sala de Tokio estrenó este sábado su primera película aromática, 'El nuevo mundo'.
'El nuevo mundo', la primera película que ha sido 'perfumada', relata la historia de amor entre John Smith ( Colin Farrel ) y Pocahontas (Q'Orianka Kilcher).
La cinta se exhibió en una sala repleta y acompañada por siete fragancias que fueron despedidas por unas máquinas que se encontraban en el centro de la habitación, debajo de las butacas.
Los perfumes han sido escogidos cuidadosamente para que se adapten a las secuencias que ambientan. El amor, por ejemplo, huele a rosas.
A lo largo de la película también se pueden disfrutar de otros aromas, entre ellos el del limón y 'el del bosque', todos ellos agradables.
Una de las dos salas donde se ha proyectado esta película ya anuncia que pronto dispondrá de 33 fragancias distintas para ambientar próximas cintas.
Olor a chocolate
Aunque este proyecto, cuyos distribuidores aseguran que promueve la asistencia a las salas de cine, es pionero, el año pasado los japoneses ya pudieron saborear el aroma del chocolate durante la proyección de la película 'Charlie y la Fábrica de Chocolate'.

No sé si este proyecto aislado cuajará o no, pero no es pionero en absoluto.
En la década de los 50 se usaron en los Estados Unidos máquinas que “perfumaban” las salas de cine según la trama del filme. Este método era conocido con el futurista nombre de "Smell-O-Vision".
En los 70 se intentó con otro sistema llamado "Odorama". A los espectadores se les entregaba una tarjeta antes de la película. Durante la proyección, aparecían varios números en uno de los extremos inferiores de la pantalla cada vez que sucedía en la trama algo “digno de oler”, como un eructo (el único filme presentado en Odorama fue "Desperate Living", una película de John Waters, de ahí la elección nauseabunda), por ejemplo. El espectador rascaba entonces, digamos que con una moneda, el número correspondiente impreso en su tarjeta, y olía el resultado.
En aquellos experimentos la idea no cuajó en absoluto. Los olores, que salían de unos tubos colocados a cada lado de las filas de butacas, del Smell-O-Vision se mezclaban en la sala creando confusión entre los espectadores (cuando no alguna que otra sensación desagradable). En cuanto al Odorama, nadie podía atender a la cinta y a la tarjeta al mismo tiempo.
El año pasado Sony aseguró haber patentado una tecnología que permitirá a los espectadores experimentar sensaciones táctiles, sabores y percibir olores mientras ve una película. Este método se vale de emisiones ultrasónicas que, dirigidas directamente al cerebro de los espectadores, estimularían ciertas áreas cerebrales, y alterarían el funcionamiento neuronal para producir las sensaciones virtuales.
El arte nace de sus limitaciones y el cine las tiene, como todos.
Afortunadamente.
Evocar olores con imágenes es mucho más dificil que estimular el cerebro con ultrasonidos y sin embargo hay miles de ejemplos en los que el cine lo ha conseguido.
Mientras un director sepa y pueda hacer bien su trabajo estas iniciativas no deberían ser más que curiosidades. O bien un nuevo campo lleno de posibilidades, pero más cercano a la realidad virtual que al cine. Llamémoslo de otro modo.
O dejémoslo para Disneylandia, por favor...
Yo estuve en la película esa del odorama y por lo menos en Pamplona fue un fracaso porque la gente se equivocaba y raspaba la casilla equivocada, por lo que en la sala se formaba una mezcla de olores insoportable.
Se equivocaban algunos, que había gente que le daba por raspar todas al principio de la película, otros, que se aburrían y raspaban según le apetecía...