
Brasil se ha unido al selecto grupo de países que tienen la capacidad de enriquecer uranio como medio para generar energía.
Una nueva instalación centrifugadora fue abierta formalmente el viernes en la planta nuclear de Resende en el estado de Rio de Janeiro.
El gobierno brasileño sostiene que cuenta con una de las tecnologías más avanzadas del mundo.
La apertura oficial se produce tras extensas negociaciones con la agencia nuclear de las Naciones Unidas, el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).
Brasil tiene algunas de las reservas de uranio más grandes del mundo, pero hasta ahora el mineral ha debido ser enviado al exterior para ser enriquecido -el proceso que produce combustible nuclear.
En el futuro, parte de ese enriquecimiento se llevará a cabo en Brasil.
El gobierno afirma que en el plazo de una década el país podrá satisfacer todas sus necesidades de energía nuclear.
Científicos brasileños insisten que su tecnología es superior a la que utilizan las actuales potencias nucleares. Afirman que el tipo de centrifugado que se usa en Resende será 25 veces más eficiente que las instalaciones en Francia o en Estados Unidos.
Salvaguardas
El estreno se produce tras un acuerdo con el OIEA.
La susceptibilidad en torno a esta tecnología produjo un enfrentamiento con el OIEA hace dos años.
Brasil, para proteger sus secretos comerciales, se resistía a permitir a los inspectores un acceso total a sus instalaciones, y políticamente las negociaciones también se vieron complicadas por preocupaciones simultáneas sobre los planes nucleares de Irán.
Pero al final Brasil y el OIEA acordaron un sistema de salvaguardas para garantizar que las nuevas instalaciones no sean utilizadas para la fabricación de armas.
El estreno del viernes en Resende es considerado un importante paso al frente en el desarrollo de Brasil, y llega en un momento de renovada preocupación por las reservas energéticas en América del Sur.
La semana pasada, Bolivia anunció planes de nacionalizar sus reservas de gas, provocando temores de aumentos en las tarifas. Como un gran importador de gas boliviano, Brasil ve la energía nuclear como una de varias alternativas estratégicas.

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