Es la eterna pregunta: ¿el tamaño importa? El pánico a “tenerla pequeña”, no “dar la talla” y no satisfacer a la pareja, son fantasmas que han atormentado al hombre desde la noche de los tiempos.

No obstante, detrás de todo esta obsesión por el tamaño del pene, subyace una visión falócrata de la sexualidad, es decir, una idea del sexo en la que todo bascula en torno al pene y su tamaño. Así, según esta visión, un pene grande seria el equivalente a una personalidad viril y dominante; un pene pequeño, supondría lo contrario.

Afortunadamente, todos estos mitos que circulan en torno al tamaño del pene no son más que falacias. Ni la masculinidad es cuestión de centímetros, ni un pene grande garantiza unas relaciones sexuales satisfactorias.

La anatomía femenina demuestra la falsedad de este mito: la zona más sensible de la vagina se encuentra en los dos primeros centímetros de la entrada; si, además, tenemos en cuenta que los labios vaginales – mayores y menores incluidos – tienen un promedio de tres centímetros de grosor, y que el clítoris es siempre accesible, llegamos a la conclusión que un pene de ocho centímetros es perfectamente funcional para el coito.

La vagina, además, tiene la capacidad de adaptarse a cualquier tamaño de pene. La conclusión está clara: el tamaño no tiene ninguna relación con el placer que se pueda proporcionar a la compañera. Además, un pene excesivamente grande puede resultar molesto para la mujer, a causa del rozamiento en el fondo vaginal y en el cuello del útero.

¿Cual es el tamaño “normal”?

Según un estudio de la Asociación Española de Andrología, la longitud media del pene erecto es de 13.58 centímetros, midiéndola desde la base del pene en el pubis hasta la punta del mismo.

Con el pene fláccido las diferencias significativas que oscilan entre los cinco a diez centímetros. No obstante, los penes menores en estado de flaccidez tienen un mayor crecimiento proporcional durante la erección, con lo que las diferencias se acortan.

No obstante, cuando el tamaño del pene en estado de flaccidez no supere los cuatro centímetros, sí que deberemos considerar que se trata de un pene anómalo.

Las patologías relacionadas con un tamaño reducido del pene pueden ser:

-hipogonadismo: una deficiente producción de hormonas masculinas provoca un insuficiente desarrollo de los genitales.

-piel peneana insuficiente: a causa de la falta de piel, el pene queda enterrado bajo el escroto. Se solventa con un injerto de piel extragenital.

-panículo adiposo prepubiano excesivamente abundante: es un problema común entre los obesos, cuyo pene queda oculto por el tejido adiposo prepubiano.

-enfermedad de Peyronie: consiste en el desarrollo de placas fibrosas que incurvan el pene, produciendo cambios en su geometría.

No existen medicamentos, ni cremas, ni bombas succionadoras que hagan crecer el pene. No existen “productos milagro”, por más que éstos se anuncien y vociferen en revistas o en páginas de internet.

La intervenciones quirúrgicas por alargamiento de penes “normales”, además de presentar riesgos innecesarios, ofrecen escasos beneficios. En Estados Unidos, la cirugía de alargamiento de pene es la causa más frecuente de demandas por errores médicos en cirugía urológica.

Las asociaciones urológicas de todo el mundo desaconsejan la cirugía de alargamiento del pene, que no ofrece resultados satisfactorios ni duraderos. Embarcarse en este tipo de cirugías suele generar mayor insatisfacción que satisfacción.

En definitiva, más importante que el tamaño del pene, son la imaginación, las caricias, los juegos eróticos y todo lo que suponga escapar de la monotonía. Con razón se afirma que el órgano sexual más poderoso es el cerebro.

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