Puede que Samuel Huntington, el primer intelectual estadounidense de renombre que dio la voz de alarma sobre el peligro que en su opinión plantea el "avance latino" para la identidad nacional de EEUU, rebose estos días de felicidad. Motivos, desde luego, no le faltan. Y es que, por si había alguna duda, dos enmiendas que podrían convertirse en ley especifican que el inglés es el idioma nacional de EEUU y, también, la lengua común y unificadora del país.

Los que soñaban con que la superpotencia se convirtiera en bilingüe al adoptar el español como su segunda lengua pueden sentarse a esperar.

El encargado de poner "los puntos sobre las íes" fue el Senado estadounidense, que dio luz verde el jueves a dos enmiendas en defensa del inglés dentro del proyecto de reforma migratoria que se espera aprueben los legisladores a finales de mes, y que deberá armonizarse con la versión de la Cámara de Representantes antes de convertirse en ley.

Más allá de los vericuetos legales, la medida parece una clara respuesta a los temores expresados hace ahora dos años por Huntington en su ensayo "El Desafío Hispano": "¿Seguirá siendo EEUU un país con un único idioma y una cultura central anglo-protestante? (…) al ignorar esa pregunta, los estadounidenses acceden a su eventual transformación en dos pueblos, dos culturas y dos lenguas".

El académico, que se hizo famoso en 1993 con su ensayo "El Choque de Civilizaciones", en el que presagió que tras la Guerra Fría las grandes divisiones serían culturales, e identificó al Islam como la causa más probable de conflicto, alertó en 2004 de que a diferencia de otras olas migratorias los latinos no se integran.

Huntington puede ahora dormir tranquilo, porque los senadores han dejado claro que no permitirán que su pesadilla de que el español avance hasta convertirse en aceptable en los testimonios del Congreso se haga realidad.

"Una medida necesaria"

La defensa por decreto del inglés es según el senador republicano de Tennessee, Lamar Alexander, una medida necesaria: "Somos una idea frágil basada en unos cuantos principios comunes y en nuestra lengua común nacional".

Como era de esperar, las normativas han desatado un encendido debate cuyas llamas podrían tardar en extinguirse. Grupos de defensa de los inmigrantes y el propio líder de la minoría del partido de la oposición demócrata en el Senado, Harry Reid, han calificado la iniciativa de racista: "Creo que está básicamente dirigida a la gente que habla español".

Las organizaciones activistas han expresado también su temor a que los servicios bilingües que facilita el gobierno acaben resintiéndose. Por su parte, los partidarios de las enmiendas insisten en que las mismas tienen carácter simbólico, y en que el motivo de fondo es impulsar la unidad del país y la asimilación de los inmigrantes.

Más de 40 millones de hispanos en EEUU

Sea como sea, puede que intentar frenar el español sea como querer poner vallas al campo. Y es que con más de 40 millones de hispanos en EEUU, el idioma de Cervantes tiene ya una presencia significativa en distintos ámbitos de la vida estadounidense.

El empuje de la lengua en el sector editorial es una buena muestra del interés que suscita. Una de las mayores cadenas de librerías del país, Barnes & Noble, tenía sólo 300 títulos en español hace dos años. Ahora se pueden encontrar hasta 5.000 ejemplares en algunas de sus tiendas.

Los propios políticos que quieren cortar las alas al español no dudan en hacer gala a la más mínima oportunidad de su conocimiento de la lengua de Cervantes. El presidente estadounidense George W. Bush, que capitanea la cruzada a favor del inglés, es uno de los que aprovecha siempre que puede para soltar un "sí", "amigo" o "gracias".

Pero el Senado ha dejado claro que, maniobras electoralistas a un lado, en EEUU se habla "only in English", al menos sobre el papel.