Una plaga se cierne sobre Nueva York. Los escarabajos asiáticos de cuerno largo amenazan con dejar la 'Gran Manzana' sin un árbol bajo el que cobijarse durante el cálido y húmedo verano, informa la agencia Efe.

Acostumbrados a convivir con millones de ratas y soportar las molestas picaduras de las chinches, los neoyorquinos se enfrentan en estas fechas a unos insectos que no se ceban directamente en ellos pero que hacen peligrar uno de sus santuarios preferidos, Central Park, el pulmón de la ciudad.

Estos pequeños invasores, de hasta cuatro centímetros de largo, prometen dar guerra durante el estío y, para saciar su apetito, dejar los árboles de Manhattan como un queso gruyere.

Los escarabajos asiáticos de cuerno largo, como se denomina esta especie, son originarios de China y Corea. Desde hace una década, llegan al inicio del verano a 'la Gran Manzana' por vía marítima, en cargueros procedentes de Asia.

Carecen de depredadores naturales en Norteamérica, así que pueden campar a sus anchas por parques y jardines para agujerear los árboles y dejar tras de sí un rastro de serrín.

Casi la mitad de los árboles de Nueva York está amenazada por esos bichos, que nada tienen que ver con los simpáticos insectos que popularizó Disney en la película de animación de mismo titulo.

La plaga es, además, especialmente difícil de combatir debido a que esos escarabajos pasan el 90% de su vida en el interior de los nidos que cavan dentro de los troncos.

Y de los que salen sólo para poner sus huevos en otras partes del árbol, cuando no en otros troncos.

La primera aparición en Nueva York de esta plaga con "denominación de origen" data de 1996 y, desde entonces, no ha dejado de repetirse cada año.

Aunque la plaga últimamente había tenido menos intensidad, las autoridades prevén que el balance de este año puede ser desastroso debido al recorte de fondos federales sufrido por el servicio de parques y jardines de la ciudad.

El escarabajo asiático de cuerno largo ha acabado en los últimos diez años con 6.000 árboles en todo el estado de Nueva York, 4.000 de ellos sólo en la ciudad de los rascacielos.

Esa depredación de los insectos se ha producido en paralelo a una también progresiva reducción de los fondos para combatir la plaga.

Esos fondos han pasado en Nueva York de los 23 millones de dólares a que ascendían en 2002 a los únicamente 8 millones previstos para este año. En otras ciudades, como Chicago, el uso de fondos suficientes ha permitido erradicar la plaga.