A lo largo de los tiempos el temor y la ignorancia del ser humano han creado mitos y creencias que han dado lugar a supersticiones que llegan hasta nuestros días. ¿Por qué estas creencias siguen en la actualidad arraigadas en mucha gente?, ¿cuáles son las características de las personas supersticiosas?

1. ¿Qué es la superstición?

Podemos definir la palabra superstición como la creencia en la existencia y eficacia de algunos fenómenos que no tienen ninguna explicación racional. Es una creencia o práctica ajena a la fe religiosa y no basada en hechos, sino en el temor y en la ignorancia de lo desconocido.

La superstición aparece en ocasiones como un mecanismo de defensa ante miedos y temores a lo que desconocemos, otras veces las supersticiones se crean para conseguir algo que se desea con mucha intensidad y que nos resulta inalcanzable, en definitiva es una expresión de las múltiples inseguridades e incertidumbres del ser humano.

La mayoría de las supersticiones que hoy en día conservamos tienen sus orígenes en culturas antiguas. Gran parte de las supersticiones actuales surgieron durante la Edad Media, época en que la incultura, la pobreza y las epidemias eran un caldo de cultivo excelente para el nacimiento y la propagación de estas creencias. En estas sociedades la imposibilidad de dar explicaciones razonables a determinados hechos llevó a otorgar a ciertas conductas el poder de traer la buena o mala suerte.

Las supersticiones cambian de unas sociedades a otras según sus tradiciones, lo que prueba la falta de veracidad de aquellas, por ejemplo en los países anglosajones el día considerado como paradigma de la mala suerte es el "viernes 13", mientras que en España el día fatídico se traslada al martes.

No obstante, en los países occidentales existen una serie de lugares comunes, como son la maldición del número 13 (probablemente basada en el número de comensales de la Última Cena) o del gato negro (en la Edad Media considerado como la encarnación del Diablo) y en sentido positivo la buena suerte que provoca un trébol de cuatro hojas (planta mágica para los antiguos druidas celtas) o cruzar los dedos (simbolismo de la cruz de Cristo).

2. ¿Cómo son las personas supersticiosas?

Normalmente relacionamos las supersticiones con culturas primitivas, pueblos subdesarrollados y grupos sociales de bajo nivel cultural. Esto es cierto en la mayoría de las ocasiones.

Si en la familia y el grupo social al que pertenece una persona se vive un ambiente de superstición es muy probable que esa persona, por un efecto de contagio acabe siendo también supersticiosa. Pero observamos que en sociedades modernas y avanzadas e incluso en ambientes universitarios también se producen este tipo de creencias.

Las personas obsesivas tienen tendencia a comportamientos supersticiosos, utilizan estos para poder librarse de sus continuas obsesiones mediante rituales, amuletos, etc. Por regla general, las personas inestables emocionalmente tienen una mayor tendencia a creencias supersticiosas que las personas más estables y centradas.

Los supersticiosos suelen ser fácilmente sugestionables e influenciables por los demás, lo que hace que confíen ciegamente en personas como curanderos, que utilizan el poder de esa sugestión para la curación de enfermedades con un alto componente de tipo psicológico.

Las personas supersticiosas creen en cosas que no tienen ningún sentido, en la mayoría de los casos el supersticioso es consciente de lo absurdo de su creencia, que ésta no se basa en ningún precepto lógico, pero aun así siguen creyendo en ellas.

3. Tipos de personas supersticiosas

Podemos decir que hay tres tipos de personas supersticiosas, según el grado y la manera en la que creen en ellas:

- Por un lado tenemos a personas que creen firmemente en ellas. Piensan que acciones como romper un espejo o cruzarse con un gato negro pueden realmente traer un sinfín de desgracias, o que llevar un amuleto puede protegerles de dichos males. Este grupo suele estar circunscrito en ambientes y grupos sociales donde la superstición tiene cierto arraigo y tradición.

- Existe otro grupo de personas que son parcialmente creyentes. Son personas que no creen abiertamente en las supersticiones pero que actúan por una cierta duda que estas le producen. Dentro de este grupo hay personas de cualquier extracto o grupo social.

El arraigo que la superstición tiene en nuestra tradición hace que prefiramos no pasar por debajo de una escalera o que toquemos madera en ciertas ocasiones "por lo que pueda pasar".

Este recelo, muy arraigado en el subconsciente de gran parte de nosotros, lo utilizan por ejemplo muchas cadenas de mensajes en Internet que auguran buena suerte a aquellos que reenvíen los mensajes y una serie de catástrofes a los que corten la cadena.

- Por último, hay un tercer grupo de personas que utilizan las supersticiones como una manera de llamar la atención, un snobismo, una moda o simplemente como un uso o costumbre en un grupo determinado, es el caso de la tradicional animadversión de los actores de teatro contra el color amarillo (se dice que Moliere murió vestido con un traje de este color) o de la costumbre de muchos deportistas de llevar una determinada prenda en sus competiciones siempre que mantengan resultados positivos.