'Shock' apuesta por informar sobre cabezas putrefactas, niños del Ku Kux Klan, exámenes rectales a prisioneros chinos y otros temas de interés.

La noticia más leída on line en 2005 se publicó en The Seattle Times y tenía este titular: "Un vecino de Enumclaw muere de perforación del colon mientras practicaba sexo con un caballo".

Los grandes grupos mediáticos andarán retrasados, pero no perdidos. No se les escapa que existe un grupo de población al que ellos llaman "18-34" (el que mola, el que consume) que tiene hambre de noticias, pero no precisamente de las que publica El País. Hachette Filippachi no quiere dejar esa tajada demográfica desatendida por más tiempo. Acaban de lanzar en Estados Unidos el semanario indescriptible Shock, versión americana de la francesa Choc.

Jordi Costa, Roman Gubern y otros agudos exploradores de lo subhumano ya deben estar encargando suscripción.

En Shock apenas hay letra, pero sí muchas fotos. De una cabeza pudriéndose (en Irak), de niños del Ku Kux Klan, de un secuestrador que pone un hacha alrededor del cuello de una niña, de prisioneros chinos recibiendo exámenes rectales (este artículo debería ser leídisimo: ¡contiene "colon" y "rectal"!), de una mujer boxeadora con la cara deformada y de una escultura de Damien Hirst.

Los lectores también pueden enviar fotos a la web, y recibirlas en los móviles. Han mandado de un hombre comiendo fuego y de un chico que tiene al Che tatuado en el cogote.

En su primera semana, la revista sufrió un boicot en varias cadenas de quioscos, pero no por su contenido (chocante sólo dentro de una weltanschaung tirando a palurda), sino porque el autor de la foto de portada no cobró copyright. Después llegaron a un acuerdo económico, y todos tan contentos.