
La personalidad es lo que nos hace diferentes de los demás, es lo que caracteriza y distingue a cada ser humano. Son muchas las definiciones que se han dado de la personalidad, y se ha estudiado bastante acerca de las características de la personalidad equilibrada y de cómo va cambiando con el paso de los años.
1. ¿Qué es la personalidad?
Se puede decir que la personalidad es la forma en que pensamos, sentimos y actuamos. Es lo que hace que ante una misma situación dos personas reaccionen y se enfrenten de forma diferente.
La personalidad determina la forma que tenemos de enfrentarnos al mundo y podemos decir que no existen dos personalidades iguales. La mayoría de los autores coincide en señalar que la personalidad está constituida por factores de origen hereditario y factores ambientales: el temperamento y el carácter.
El temperamento es la parte innata, está determinado por la herencia genética y tienen un papel muy importante la morfología y fisiología de cada persona. Es lo que hace que se tenga cierta tendencia a comportarse de una determinada forma y no de otra. Esto explica que desde que nacen haya niños que son más tranquilos o inquietos, más alegres o serios, etc.
Los factores hereditarios son muy importantes en la formación de la personalidad pero no son decisivos ni incorregibles. No nacemos con una personalidad determinada sino con cierta predisposición a una determinada forma de ser.
El carácter es la parte adquirida, es el resultado de la experiencia, de la educación recibida, el colegio, la familia, los amigos, el ámbito social y cultural, etc. El carácter es más fácil de cambiar que el temperamento.
2. ¿La personalidad cambia o es estable?
Aunque existe cierta tendencia a comportarse de una forma determinada a través del tiempo, podemos decir que la personalidad cambia a lo largo de la vida. ¿Quién no ha experimentado ciertos cambios en su forma de ser con el paso del tiempo?
Podemos mantener algunos rasgos de nuestra personalidad pero es inevitable que el ambiente, las experiencias vividas, el dolor, las alegrías, etc., vayan modificando y moldeando nuestra personalidad.
Es más fácil que estos cambios se produzcan durante la infancia y adolescencia, ya que en estas etapas de la vida la personalidad aún se está formando y, por lo tanto, es más fácil influir sobre ella.
3. Tipos de temperamento
Podemos decir que existen diferentes tipos de temperamento y son varias las clasificaciones que se han hecho de ellos. Una de ellas es la que habla de cuatro tipos básicos de temperamento:
- El temperamento sanguíneo: Son personas con mucha vitalidad, alegres, simpáticas, están muy pendientes de todo y tienen mucha facilidad para las relaciones sociales. Se adaptan fácilmente, tienen un gran afán de superación, son muy entusiastas y se ilusionan con todo. Esto hace que se enfrenten a la vida con optimismo e ilusión aunque son poco persistentes y cambian de actividades e ilusiones con facilidad. A veces son impulsivas y poco reflexivas.
- Temperamento colérico: Igual que los anteriores, tienen mucha facilidad para entusiasmarse y vivir la vida intensamente. Sin embargo, estos son más fácilmente irritables y suelen tener reacciones desproporcionadas. Tienen falta de autocontrol y son prepotentes, creen que saben más que nadie. Son muy constantes y muy seguros de sí mismos.
- Temperamento flemático: Suelen tener mucha paciencia y son comprensivos. Reflexionan sus decisiones y piensan mucho antes de actuar. Tienen mucho autocontrol y estabilidad emocional aunque a veces pueden parecer pasivos e indiferentes ante todo lo que les rodea.
- Temperamento melancólico: Son personas con una vida interior rica, es fácil conversar con ellos pero son desconfiados y susceptibles. No les gusta llamar la atención, prefieren pasar inadvertidos, suelen ser inseguros y pesimistas. Tienen un gran sentido de la responsabilidad y les cuesta adaptarse a los cambios.
4. Características de personalidad madura
El primer paso para poder hablar de madurez es conocerse a uno mismo, saber cuáles son nuestras limitaciones y capacidades, aceptarnos como somos pero no resignarnos a no poder cambiar. Veamos algunas de las características más importantes de madurez:
- Tener un equilibrio entre lo afectivo lo racional. No dejarse llevar en exceso por las emociones ni permitir que sea la razón la que predomine. Conseguir este equilibrio va a contribuir a nuestro bienestar y equilibrio interior.
- Dominar los impulsos, es decir, tener capacidad de autocontrol y ser capaz de autorregularse en la expresión de las emociones. A veces actuamos de modo impulsivo, dejándonos llevar por los instintos y actuamos según lo que nos apetezca en cada momento, sin reflexión alguna. Esta forma de comportarnos nos puede llevar a tomar decisiones que nos pueden acarrear consecuencias desagradables y con difícil solución.
- Controlar los cambios de humor y no dejarnos llevar por es estado de ánimo de cada momento. Hacer lo que tenemos que hacer, cumplir con nuestras obligaciones independientemente del ánimo que tengamos.
- Tener una actitud de valoración hacia los demás, aceptarlos como son. Parece ser que las personas que tiene un buen conocimiento de sí mismas tiende a evaluar correctamente a los demás.
- Ser coherentes con lo que se siente y piensa. Esto es ser fiel a uno mismo y actuar según los criterios que uno tenga en la vida.
Es importante tener una actitud abierta al cambio y reconocer en qué tenemos que mejorar o en qué nos hemos equivocado. A partir de aquí estaremos más predispuestos a conseguir ese equilibrio y madurez que nos va a facilitar el paso por la vida.

Toda una miniguia para el camino a la madurez.