El agua es fuente de vida y también fuente de salud. Conocidas desde la antigüedad sus virtudes terapéuticas, hoy la hidroterapia se sigue empleando para mejorar dolencias óseas, musculares o circulatorias y para otro tipo de trastornos, como la ansiedad, el estrés y el agotamiento psíquico.

Pocas terapias pueden presumir de una historia tan larga como la hidroterapia. La curación a través del agua se ha empleado en culturas tan dispares y tan antiguas como la china o la romana. Hoy en día es habitual que hombres y mujeres estresados y personas aquejadas de todo tipo de dolencias crónicas acudan a balnearios, centros y establecimientos donde se aplican los llamados Spas (Salutem per Aqua), es decir, tratamientos de salud a través del agua.

El agua es un elemento natural que ha vivido en contacto permanentemente con el hombre. Pero es su manipulación en función de los efectos que se quieran conseguir lo que le da su fuerza terapéutica. Desde las sustancias químicas y físicas que abundan en su composición, pasando por su temperatura y su estado, y terminado por sus características mecánicas, cada alternativa posee una acción determinada en el organismo. De todo ello se derivan también técnicas y modos particulares, como pueden ser un baño turco o un jacuzzi.

Un hecho que hemos experimentado casi todos y que es la manera más simple de sacar provecho terapéutico del agua es nadar o simplemente sumergirse en ella. Dentro del agua el cuerpo reduce su peso, con lo que la movilidad de las articulaciones y los músculos es menos brusca. Todo esto permite desarrollar ejercicios muy beneficiosos cuando existe algún tipo de parálisis física.

Si hablamos de modalidades terapéuticas según la temperatura del agua, habría que señalar los baños calientes y fríos. Los primeros superan la temperatura corporal, o sea están por encima de los 37ºC, y pueden durar hasta 20 minutos, mientras que los segundos no alcanzan los 18ºC y no se alargan más de medio minuto.

También se pueden combinar unos con otros constituyendo lo que se conoce como baños de contraste que se reparten entre cuatro minutos de agua caliente y un minuto de agua fría.

El uso de agua caliente tiene efectos relajante y dilatador de las arterias, y ayuda a que el cuerpo expulse toxinas a través de la piel. Además, como los poros están más abiertos pueden absorber mejor por vía cutánea los principios activos de distintas plantas curativas que se emplean en el baño. En cambio, el agua fría tiene acción vigorizante, estimula la circulación periférica y tonifica. Al entrar en contacto con ella, puede aparecer una sensación desagradable por el choque entre la temperatura corporal y la del agua, pero pasado un tiempo, este efecto desaparece. El tratamiento combinado o de contraste provoca en el organismo una acción y reacción apropiadas para estimular la circulación sanguínea y mejorar las inflamaciones.

Dos técnicas muy conocidas y empleadas son el baño turco y la sauna. En los dos casos se trata de salas calientes, la primera con un altísimo grado de humedad que no permite que la transpiración corporal se evapore. En la sauna, el calor es seco, por eso se suda menos, y al incorporar agua a las piedras incandescentes que lo provocan, se produce un aumento de la temperatura. El baño turco tiene efecto desintoxicante, mientras que la sauna es básicamente relajante. Otra variante es el baño finlandés, en el que existen un elevado grado de humedad y calor, con una fuerte acción broncodilatadora que va muy bien si hay problemas respiratorios.

Además de los baños, que pueden ser de todo el cuerpo o de miembros concretos como los pies y los brazos, y de las salas calientes, dentro de las técnicas de hidroterapia también se encuentran las duchas. Se aplican a distintas temperaturas y el agua cae a través de orificios minúsculos. La ducha escocesa se basa en el cambio progresivo de la temperatura del agua, es decir, primero aumenta hasta estar caliente y posteriormente desciende hasta convertirse en fría.

El uso terapéutico del agua según su presión es igualmente muy popular y utilizado. Es el principio en el que se basan los jacuzzi, chorros subacuáticos dirigidos a distintas zonas del cuerpo que tienen cualidades relajantes, además de aliviar contracturas musculares y estimular la circulación. Esta misma técnica de chorros a presión también se emplea fuera de la piscina.

Por su parte, la talasoterapia es una modalidad que utiliza tratamientos con agua marina, fangos, algas y barros. Aquí la temperatura del agua se sitúa entre los 35 y 37ºC, y sus propiedades curativas son de lo más diverso, desde problemas circulatorios y reumáticos, hasta dolencias cutáneas, infecciosas y trastornos de fatiga.

fuente:repsol-ypf