Nuestro cuerpo tiene un reloj interior que marca a qué hora es más conveniente hacer cada tipo de ejercicio. Para ello tiene en cuenta la temperatura corporal, el flujo de la sangre, la actividad del corazón y de las hormonas, el nivel del azúcar o del ácido del estómago, que van variando según el momento del día. No perder de vista los biorritmos garantiza, por tanto, sacar el máximo partido al ejercicio físico.
El reloj natural del ejercicio
El reloj biológico del organismo -llamado ciclo circadiano- juega un papel decisivo en la respuesta del cuerpo al ejercicio. Conociendo de primera mano en qué momento del día el cuerpo está más o menos predispuesto para una actividad física determinada, aseguraremos la recompensa tras el esfuerzo.
A continuación repasamos cuáles son las mejores actividades o deportes para practicar en los principales momentos del día. Aunque se trata de una información valiosa, no hay que olvidar, sin embargo, que cada persona tiene su propio ritmo circadiano (u oscilaciones biológicas de 24 horas), y puede presentar alguna variación.
Primeras horas: organismo en marcha
La sangre fluye con más fuerza por todo el cuerpo y hay una importante actividad hormonal. Es el momento ideal para activar la circulación sanguínea a través del ejercicio, y aprovechar el tirón hormonal; actividades como correr, nadar o montar en bicicleta resultan ideales para conseguirlo. Además, en estas horas la temperatura corporal está a pleno rendimiento, aprovéchalo practicando todo aquello que requiera algún tipo de coordinación, como una sesión de step, de aeróbic o de baile.
Mediodía: momento para recuperarse
El organismo tiene primero hambre y luego sueño. Los culpables: el aumento del contenido ácido del estómago y la disminución del nivel de azúcar en sangre. Lo que el cuerpo quiere es comer y descansar, en este orden. Sustituye el ejercicio a esta hora por una comida completa y un rato de siesta, sin pasarse (media hora es suficiente para recuperarse). Después de comer tampoco es un buen momento para la actividad física, el cuerpo emplea la mayor parte de la energía disponible en hacer la digestión.
Tarde: estiramientos, resistencia y fuerza
A primera hora de la tarde todavía quedan rescoldos del periodo de descanso. No conviene extralimitarse con un ejercicio demasiado intenso, pero sí son muy recomendables los estiramientos, ya que los músculos están especialmente blandos y elásticos, por lo que se reduce bastante el riesgo de lesión al tensarlos. Cualquiera de las llamadas gimnasias dulces (yoga, método Pilates, Estiramiento Global Activo) será bien recibida.
Según pasan las horas el metabolismo se va activando y mejora progresivamente la frecuencia de la respiración y la absorción del oxígeno. En una palabra: las pilas están recargadas. Dispones de energía suficiente para deportes de resistencia, tales como correr, nadar o patinar, o de fuerza en brazos y piernas, como el tenis y el voleibol.
La circulación sanguínea también está especialmente activa a esta hora; los ejercicios que trabajan el vientre, las piernas o los glúteos sacarán buen partido de esta situación.
Conforme la tarde toca a su fin, aumenta el tiempo de reacción. De ahí que el final de la misma sea el momento idóneo para los deportes de equipo. ¿Qué tal un partido de fútbol o una sesión de squash? Aprovecha tu buena predisposición física.
Final del día: relajación
No prolongues el ejercicio más allá de las nueve de la noche. A partir de ese momento el cuerpo pide a gritos un poco de relax. Agradecerá una sesión de sauna o un relajante baño aromático. Será, además, un fantástico preparativo para las horas de sueño.
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