¿Puede la mente humana experimentar alivio, placer o excitación a través de la acción devastadora de las llamas? Por desgracia, la respuesta es sí. La piromanía, entendida como un trastorno del control de los impulsos, es la segunda causa de los incendios en España. Cuantitativamente, las autoridades sitúan en torno al centenar los individuos con este perfil que actúan en nuestro territorio. Identificarlos y denunciar su acción ante las autoridades es el tratamiento más efectivo en una enfermedad para la que la Medicina no ha encontrado ningún paliativo válido.

Entre el 1 de enero y el 23 de julio -fecha de la última actualización estadística elaborada por el Ministerio de Medio Ambiente- habían ardido en España 35.870 hectáreas de superficie forestal. La resaca de incendios vivida en las últimas semanas a buen seguro habrá incrementado el volumen de estas cifras tanto como lo habría hecho el del mercurio en las zonas afectadas.

En el origen de cada fuego pueden esconderse distintas causas, algunas de ellas naturales. Pero, por desgracia, la experiencia y los datos oficiales nos dicen que en el 90% de los casos está detrás la acción –muchas veces premeditada- del ser humano. Un análisis provisional apunta a que la mayoría de los incendios forestales en el pasado mes se debieron a prácticas agropecuarias, como la quema de rastrojos o de área de matorral para la creación de pastizal. También sobresalen los incendios provocados por cosechadoras en la tarea agrícola y, sobre todo, por el uso del fuego en áreas de acampada o de barbacoas. La negligencia humana está a la orden del día.

La destrucción del patrimonio natural no es tolerable en ningún caso, pero resulta más compleja de encajar cuando indagando en las causas nos encontramos con la búsqueda de un ilógico placer personal. Se trata de poseedores de cerebros trastornados que encuentran en las llamas una excusa para la euforia y el vértigo. Una enfermedad, como cualquier otra, pero cuyas consecuencias afectan a la sostenibilidad de toda una región, de todo un planeta.

El simple y complejo placer de quemar

La fascinación por el fuego es tan antigua como su descubrimiento por parte de nuestros antepasados prehistóricos. Sin ir tan lejos, las disfunciones psíquicas asociadas al uso del incandescente elemento tampoco son cosa de hoy. De nuestros años escolares recordamos la escena de Nerón quemando Roma. Hace poco el historiador Gerhard Baudy, de la Universidad alemana de Constanz quiso quitar al emperador romano la fama de 'loco-pirómano' con la que le cargó la historia y expuso en un estudio que fueron los cristianos los autores de la quema. Fuera cual fuera el papel del soberano en esta acción, la piromanía es una enfermedad diagnosticada y que, en la actualidad, supone la segunda causa de los incendios forestales en España.

El piromaniaco o pirómano es el que tiene una "tendencia patológica a la provocación de incendios de forma deliberada y consciente en más de una ocasión conllevando una importante tensión y activación afectivas antes del incendio con una gran liberación e intenso placer o alivio al encender el fuego, presenciarlo o al participar en sus consecuencias". Parece increíble pensar en la consecución del placer a través de la destrucción, pero la complejidad de la mente humana lo hace posible. Al fin y al cabo, hablar de piromanía es hacerlo de un trastorno más del control de los impulsos como lo es la ludopatía (incapacidad para tomar el control de uno mismo en juegos de azar) o la cleptomanía (incapacidad para controlar el deseo de robar a pequeña escala). Es importante recalcar que los pirómanos no se mueven por un móvil económico, sino por la simple satisfacción personal. Este rasgo es el que les diferencia de cualquier otro individuo que cause un fuego y les otorga la triste condición de piromaniaco. Los expertos del Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (Seprona) aclaran que, con frecuencia se suele confundir y tildar de pirómano a todo aquel que provoca un incendio sin un móvil concreto.

Lo cierto es que, en número, no son tantos los enfermos de este tipo que se mueven por nuestra geografía. Incendios intencionados hay muchos, pero al analizar las causas en la mayoría de los casos se trata de actividades agrícolas o de la acción de ganaderos o pastores. Existen otras motivaciones más residuales, como el deseo de venganza o la protesta social. Fuentes del Seprona sitúan en torno a los 100 los piromaniacos que podrían actuar en la actualidad en España.

El perfil del pirómano

Cada caso es un mundo particular pero la medicina ha establecido un perfil tipo de estos individuos. Se trata de gente con un perfil intelectual más bajo que la media, gente solitaria, que no destaca por nada en concreto y más bien suele pasar desapercibida. Muchas veces el pirómano prepara sus acciones ingiriendo antes buenas dosis de alcohol (quizá para evadir el miedo que le daría enfrentarse sobrio a su acción).

Esta afición enfermiza empieza a manifestar sus primeros síntomas en la juventud. Incluso, en algunos casos, se pueden llegar a dar durante la edad infantil. Actuar en estas edades tempranas puede ser decisivo para lograr recuperar con éxito al individuo para una vida en sociedad. El problema es que no existe un tratamiento concreto para este tipo de enfermedad y cuando se aborda en la edad adulta la falta de motivación y la acción de otros agentes, como el ya mencionado alcohol, no hacen sino dificultar la situación. Parece que lo único que les puede hacer desistir en sus intenciones es la presión legal, pero evadirse de este control no resulta del todo difícil.

En España, el Código Penal establece penas de prisión de diez a veinte años para aquellos que provoquen un incendio que comporte peligro para la vida o integridad física de las personas y de uno a cinco años y multa de doce a dieciocho meses para aquellos que incendien montes o masas forestales.

Situaciones como las que vive en la actualidad Galicia nos dicen que cualquier acción judicial sabe a poco. El vicepresidente de la Xunta, Anxo Quintana, ha asegurado que, a pesar de que los pirómanos pueden ganar alguna "batalla", la "guerra" contra el fuego la van a ganar los gallegos. El hecho de que los incendios en esta zona hayan sido provocados cerca de vías de comunicación no es casual. De esta manera el escándalo y la visibilidad están siendo mayores, y el ego de los pirómanos debe andar a estas horas por las nubes. La Guardia Civil reforzará la investigación de los incendios en Galicia con 109 agentes más de unidades especializadas. Desde el Ministerio de Medio Ambiente se ha lanzado un mensaje claro a los vecinos de las localidades afectadas: hay que denunciar todo comportamiento sospechoso. Sólo así podrá conseguirse algo. El daño ya está hecho, pero mientras estos individuos sigan con libertad para actuar nuestros bosques no podrán descansar tranquilos.

fuente: Javier Ortega

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