La alarma acerca de los presuntos peligros que encierra el uso del teléfono móvil, artículo de “primera necesidad” en los países industrializados, se inicia en Estados Unidos, cuando en 1993 un hombre denunció que la radiación de un teléfono celular había sido la causa de un tumor cerebral de su esposa. El debate sigue abierto.

Los estudios realizados a principios de los 90 no determinaron que existiese alguna influencia de los aparatos sobre la enfermedad.
A partir de aquí se desató la fiebre de los estudios sobre la relación cáncer-móviles, y los medios de comunicación pasaron a ocuparse del tema.

Sin embargo, todavía no hay afirmaciones concluyentes: hay quien asegura que sí existe tal relación, pero también hay expertos que la desmienten.

Por un lado tenemos el ejemplo del biólogo británico Roger Coghil, que opina que todos los teléfonos móviles vendidos en Reino Unido tendrían que exhibir una advertencia sanitaria, similar a la que aparece en los paquetes de cigarrillos.

Su argumento es que el teléfono móvil es la mayor fuente doméstica de radiaciones y por ello, ha presentado una demanda a un tribunal de Gales en la que acusa a la industria por irresponsabilidad:

“Se utiliza cerca del cerebro,el órgano más sensible, por ello, la gente que lo usa durante más de 20 minutos está en peligro de dañar su salud con las ondas electromagnéticas”, explica.

Y por otro está la opinión de quienes creen que la utilización del teléfono móvil no debe ser motivo de histeria colectiva como Mercedes Martínez, científica del Instituto de Física Aplicada del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España, que señala que no hay que alarmarse por los efectos del uso de estos aparatos, aunque sostiene que los estudios deben continuar.

“Los campos electromagnéticos inducen corrientes que circulan en el interior del cuerpo gracias a las cargas eléctricas que tienen los fluidos humanos que, como la sangre, son muy ricos en iones”, explica, “sin embargo, la magnitud de estas corrientes depende de muchos factores, que van desde la intensidad del campo magnético hasta la propia postura de la persona que los recibe o la cercanía del aparato”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) publicaba un informe en 1996, donde se dejaba constancia de que todavía no había pruebas válidas de que existiese algún tipo de relación entre ciertas patologías y la utilización de los teléfonos móviles. Sin embargo, abría líneas de investigación sobre sus posibles efectos adversos.

Mientras los expertos tratan de dar luz al asunto, el tema sale a la calle y se encuentran opiniones para todos los gustos: hay quienes creen que existe un riesgo, pero hay también gente que enciende constantemente el movil sin ningún remordimiento.

Según Terrence Lee, profesor de la Escuela de Psicología de la Universidad de St. Andrews en Reino Unido: "La percepción de un riesgo suele ser muy subjetiva y varía según la edad, el sexo, la formación cultural y la situación con respecto al riesgo del individuo, así como los conocimientos que tenga sobre una tecnología".

Así, por ejemplo, quienes no usan un teléfono móvil suelen creer que es "alto" el riesgo de los campos de baja frecuencia que emiten las estaciones de base de esos teléfonos, mientras que los usuarios de tales aparatos, que se exponen voluntariamente a una frecuencia mucho más alta y directa sobre el cerebro, estiman que el riesgo es ‘bajo’.”

Efectos
Sean ciertas o no las consecuencias negativas de las ondas electromagnéticas sobre la salud humana, un hecho constatado es que estas ondas tienen unos efectos, que no se pueden negar y que producen cambios en nuestro entorno.

Antes y después de una llamada de un móvil el ordenador parpadea, el teléfono se satura, la radio se bloquea; en ocasiones se producen ruidos extraños y hay personas que afirman que sienten esas radiaciones a cierta distancia.

En los aviones está prohibido su uso porque las microondas que producen pueden provocar alteraciones en el sistema informático del aparato y provocar un accidente.

Aparte, la aparición y posterior proliferación de los teléfonos móviles ha modificado ciertos códigos de comportamiento y ha creado normas nuevas de conducta: antes de empezar una obra de teatro o una película de cine se ruega que el público apague sus teléfonos móviles y si tenemos que hacer un regalo a una persona, el móvil es una de las posibilidades a barajar.

Y mientras tenemos la oreja pegada al móvil, hemos dejado de calentar la leche en el fuego de la cocina, para que, apurados por las prisas, empleemos el microondas, al mismo tiempo que no podemos prescindir del ordenador porque es una herramienta indispensable de trabajo.

Lo cierto es que las ondas electromagnéticas nos rodean sean perjudiciales o no y tendremos que aprender a convivir con ellas.

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