Una forma rápida y fácil de detectar ese peligro es a través de lo que los especialistas denominan “las cuatro R”. Son las cuatro etapas del deterioro de la intimidad, de aumento de la tensión entre él y ella, cuatro palabras que comienzan con la letra R: resistencia, resentimiento, rechazo y represión. Revisemos cada una de ellas de manera que podamos darnos cuenta de qué es lo que está sucediendo con la relación actual o qué pudo haber pasado con aquella que se terminó.

Resistencia

La primera R, la resistencia, es la etapa de incremento de la tensión, y es natural que aparezca y desaparezca a lo largo de una relación íntima. Resistencia son aquellas pequeñas cosas que vienen de alguien y nos molestan: él deja las toallas en el piso, ella habla horas por el teléfono. No son cosas de vida o muerte, pero el problema está en que la mayoría de nosotros las manejamos como si fueran pequeñas resistencias: las ignoramos y pretendemos que nada está mal.

Nos repetimos una y otra vez: “No vale la pena preocuparse por algo tan mínimo”, pero dejamos sin resolver esas molestias y se produce como resultado una mayor resistencia hasta que se convierte en la segunda R.

Resentimiento

Entonces ya no sólo estamos molestos sino que ahora estamos furiosos, frustrados, más tensos, más distantes. No es que nos sintamos resentidos todo el día, pero hay momentos en la relación en los que nos sentimos menos cercanos y en los que la intimidad se torna difícil.

Nos volvemos más críticos aunque no digamos una palabra y quede todo en nuestro pensamiento. Una señal certera de que estamos en la etapa del resentimiento es que nuestra vida sexual empieza a cambiar, pues no podemos sentirnos atraídos hacia alguien que nos despierta rabia. Si no manejamos de manera frontal este resentimiento y dejamos que aumente, llegaremos a la tercera R.

Rechazo

Significa separación, quiere decir que se ha levantado una pared entre los dos, que ya no se sienten emocionalmente conectados como antes. Puede que todavía vivan juntos pero han separado sus corazones. Tanta resistencia, tanta tensión se ha desarrollado que es imposible mantenerse emocionalmente cercanos y comienzan a alejarse.

Esto se produce a través de la pelea o la crítica, empiezan a sentirse atraídos hacia otros hombres o mujeres, se fantasea sobre la posibilidad de dar por terminada la relación y largarse. Algunas parejas que se encuentran en esta tercera etapa casi no se ven, sin embargo, niegan que las cosas estén mal. Otras son más dramáticas en su rechazo, amenazan con irse y se hieren verbal o emocionalmente llegando hasta el abuso dentro de la relación.

Por supuesto, en esta etapa del rechazo es muy difícil mantener una vida sexual activa porque hay demasiada tensión. Se siente que hay falta de atracción y se pone de pretexto a los hijos o al trabajo, las quejas de cansancio están a la orden del día. Pero la verdad es que la química sexual está sepultada bajo una gran acumulación de resistencias y resentimientos. Muchas relaciones no sobreviven esta etapa. Sin embargo, si no se separan y continúan permitiendo que aumenten esos sentimientos de rechazo, eventualmente, entrarán en la etapa final de las cuatro R.

Represión

Es el estado de indolencia emocional. Se entra en éste cuando estamos demasiado cansados de la resistencia, el resentimiento y el rechazo y lo que se hace es reprimir con éxito todas las emociones negativas y entrar en una etapa de indolencia, dentro de la cual nos sentimos cómodos. Nos decimos “las cosas no están tan mal”, “estamos demasiado viejos para el romance”, “permanecemos juntos por los hijos”.

Y la vida sigue su curso sin pasión.

Al reprimir la tensión estamos también reprimiendo con mucho éxito la felicidad. La represión es la más peligrosa de las R porque en esta etapa podemos convencernos a nosotros mismos de que todo está “bien”. Nos negamos admitir que hay problemas, sin embargo, el enfriamiento es total, no hay vida sexual de pareja, no hay calor, no hay respeto, no hay amor.

Pudieran parecer tranquilos, quizás ni siquiera peleen y sean atentos el uno con el otro, muchas veces pueden hasta ser el ejemplo o la envidia de otras parejas, hasta que un día se conoce la realidad: se separan, se divorcian y todo el mundo se asombra.

“No lo entiendo, parecían tan felices”, será el comentario general. Lo que ha sucedido es que reprimieron de tal manera sus emociones negativas que terminan por matar la relación.

fuente:endi.com

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