¿Qué les pasa a nuestros espermatozoides? Son escasos, vagos y deformes. Cinco mil contaminantes los están convirtiendo en un ejército de tullidos.

Son pocos, cada vez más comodones y más bien deformes. Los 300 millones de espermatozoides que arrojamos de media en cada eyaculación forman un club en crisis. El semen hispano, como el de todos los países industrializados, está de saldo.

En las clínicas de fertilización in vitro desechan las muestras de tres de cada cuatro donantes, cuando hace diez años la proporción era justo la contraria: se admitía el 75% de las donaciones. Eso, sin modificar un ápice las exigencias. El último estudio lo ha hecho la Clínica Tambre de Madrid, y los datos que ha aportado son similares a los que adelantan los otros 15 bancos de semen que hay en España. Rocío Núñez, investigadora del centro, se hace la pregunta del millón: “¿Por qué tenemos menos donantes y la calidad del semen es peor que antes?” Pero ella misma reconoce que: “Realmente no sabemos por qué pasa esto. Pero la hipótesis más extendida es que tiene que ver con el estilo de vida”.

El mejor del mundo
Algo está pasando que ha convertido nuestro esperma en un producto light, y no parece que tenga que ver solo con la moda pasajera de vestir un modelo de vaqueros o de llevar los calzoncillos más o menos apretados. El hecho de que nuestros espermatozoides se parezcan a un ejército de tullidos tampoco parece proporcionado al aumento entre los jóvenes de hábitos más bien poco sanos, como el consumo de alcohol, cannabis o cocaína, o a la afición por la comida basura.

Una comparativa de la calidad del semen de barceloneses y coruñeses hecha hace unos meses por el Instituto Marqués de Barcelona encontró que los habitantes de la Ciudad Condal tenían un esperma mucho peor que los gallegos. Tanto, que el semen de los coruñeses era “de los mejores del mundo”, y el de los barceloneses todo lo contrario. Como conclusión, el estudio aventuraba que: “El nivel de contaminación es la causa más probable para explicar la diferencia”.

De hecho, el 8% de los barceloneses confesó tener contacto habitual con tóxicos en sus trabajos, frente a solo un 1% de los coruñeses. Añadía que el mayor consumo de drogas y alcohol y los peores hábitos de vida de los gallegos “no se traducen en el nivel de su semen”.

De la cabeza a los pies
Las últimas investigaciones apuntan a un grupo de más de 5.000 sustancias, conocidas con el nombre de disruptores hormonales, como responsables del desaguisado en el esperma de nuestros jóvenes. Cristóbal Avivar, director del Área de Biotecnología del Hospital de Poniente de El Ejido, en Almería, explica que estas sustancias anulan a las hormonas: “Interfieren en la recepción de la información hormonal y no las dejan actuar”.

Lo peor es que, mientras no se limite mucho más su uso, es difícil escabullirse de su acción, porque están presentes en nuestras vidas desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. El DBP (ftalato) se usa para elaborar perfumes y esmalte de uñas; el bisfenol A, en los recubrimientos dentales y en los envases; el tributilestaño, como conservante de la madera, desinfectante y en los sistemas de refrigeración; y los PCB (bifenilos poli-bromados), para elaborar plásticos y pinturas, y en la fabricación de adhesivos y cosméticos. Imposible escapar a su acción. Además, algunos de estos, como los plaguicidas, pueden pasar a la cadena alimentaria. Hoy no sabemos si las fresas que nos estamos comiendo son italianas o murcianas, y como cada país permite un límite máximo de residuos, no podemos conocer si estamos tomando un producto con muchos o pocos disruptores estrogénicos. Así, un fresón español puede tener un máximo de 5 ppm (partes por millón) de plaguicida, mientras que uno italiano solo puede tener 0,01 ppm.

Comamos uno u otro, no vamos a intoxicarnos, y los efectos, con toda probabilidad, no los padeceremos nosotros, porque se manifiestan con mayor frecuencia en la descendencia que en la persona que se expone al contaminante. “Por esta razón se está prestando especial atención a la exposición intrauterina, que afectaría al feto, pero las consecuencias no se manifestarían hasta la pubertad o la edad adulta”, apunta Cristóbal Avivar.

Según la hipótesis que barajan algunos grupos de investigación europeos y estadounidenses, la baja calidad del semen de los jóvenes tiene su origen en el contacto de sus madres con contaminantes hace veinte o veinticinco años. “También la criptorquidia, o no descenso testicular, y la pubertad precoz se relacionan con la acción de disruptores estrogénicos”, añade el doctor Avivar. En el Hospital de Poniente y en el Clínico de Granada están buscando estas sustancias en la sangre de 269 universitarios a los que previamente se midió la calidad del semen. El objetivo: validar o descartar la hipótesis de si existe una relación entre ambos.

Mitos caídos
Casi nadie se atreve a aventurar una sola razón de la caída en picado de la calidad del semen, pero se van aclarando las cosas. Los estudios que se han puesto en marcha en los últimos años han servido para tirar por tierra muchos mitos con los que hasta ahora se explicaban ciertos problemas de fertilidad. El realizado por el Instituto Marqués, de Barcelona, afirmaba que la calidad del semen no se ve afectada por la edad del hombre, ni por haber recibido un golpe en los testículos, ni por haber tenido paperas o enfermedades de transmisión sexual como la gonorrea o la prostatitis.

Tampoco tiene sentido la recomendación de no usar prendas ajustadas. Es cierto que un cambio de un grado en la temperatura del escroto afecta gravemente a la formación de semen, pero es un efecto reversible. En caso de que se altere por este motivo, Cristóbal Avivar tiene una receta infalible: “En cuanto se airea y oxigena un poco la zona, todo vuelve rápidamente a la normalidad”. La “zona” a la que se refiere es la fábrica de los espermatozoides, es decir, los testículos.

En las clínicas de fertilización también han comprobado el papel determinante que desempeña el estrés en la reducción de la calidad del semen, probablemente debido a los cambios hormonales que provoca en el cuerpo. Rocío Núñez recuerda un caso que tuvieron en la Clínica Tambre, en el que los nervios tuvieron un efecto devastador: “Era un universitario que en época de exámenes pasó en una semana de ser uno de nuestros mejores donantes a quedarse sin espermatozoides”. Afortunadamente, pasado el mes de junio, recuperó su capacidad. Queda por estudiar la incidencia en el esperma de algunos fenómenos recientes, como el consumo de drogas de diseño.

Hipersensible
Y es que cualquier sustancia o situación que afecte negativamente al organismo puede alterar la calidad del semen. Los testículos son de lo más sensible que hay en el cuerpo, y no por casualidad. “Cuando hay algún estímulo nocivo externo, la primera que se ve afectada es la reproducción, porque es lo que no necesitamos para vivir”, apunta Rocío Núñez. En el hombre no se perciben estos efectos hasta que se analiza su semen, pero en la mujer es más visible: cuando tiene un disgusto muy fuerte, no es extraño que se le retire la regla. Es una especie de mecanismo de seguridad que ha ideado la naturaleza para dejar claro que en ese momento el cuerpo no está preparado para procrear. Lo mismo ocurre cuando la persona tiene trastornos alimentarios graves, como la anorexia, o sigue una dieta drástica.

Solución a la infertilidad

Pero la deserción de los espermatozoides no siempre responde a una lógica de la naturaleza. Muchas veces no llega a saberse por qué una muestra no es válida para fertilizar un óvulo con ninguna técnica y solo queda como alternativa recurrir a una donación. Para estos casos ya se desarrolla un esperma de laboratorio. Un grupo de científicos de la Universidad de Sheffield (Reino Unido) ha extraído células madre de embriones de ratón y las ha cultivado hasta obtener células maduras de semen. Los procesos de fertilización han culminado con éxito, aunque después los animales han tenido problemas de crecimiento.

Pero esto se reserva solamente para los casos en que el semen del individuo no tenga espermatozoides viables para fecundar. Unos pocos, según dice la estadística.

Claro, que puede ocurrir que en el futuro sea la técnica más utilizada. Todo depende de si el semen light, el que ahora tenemos, se convierte o no en un producto de desecho.

¿Qué altera la calidad del semen?

Se ha barajado una decena de factores que pueden ser los responsables del problema.

PRENDAS AJUSTADAS. Aumentan la temperatura del escroto y pueden afectar a la producción de espermatozoides. Pero el efecto es pasajero: la producción se recupera cuando deja de usarse la prenda.

DIETA DRÁSTICA. Faltan estudios, pero se cree que funciona el mismo mecanismo que en las personas con anorexia: a las chicas se les retira la regla; en los chicos se modifican el volumen y la movilidad de los espermatozoides.

COCAÍNA. Afecta al sistema nervioso central, la segunda vía (la otra es la acción directa sobre los testículos) que incide sobre la espermatogénesis.

FÁRMACOS. Algunos antibióticos y agentes utilizados en quimioterapia alteran la producción de espermatozoides. En algunos casos, el efecto es irreversible. En otras ocasiones, la producción de espermatozoides no se recupera hasta un año después.

HORMONAS. Las cantidades ingeridas en la alimentación son mínimas como para producir efectos significativos sobre la fertilidad.

ALTITUD. En alturas superiores a 4.000 metros se ve alterada la tensión arterial e, indirectamente, la espermatogénesis.

ESTRÉS. Su morfología cambia, porque se modifican los niveles hormonales.

TABACO. Algunos de sus componentes, como el benzopireno y la cotidina, y los pesticidas de las plantas reducen la fertilidad.

AGENTES TÓXICOS. Las personas que trabajan con disolventes orgánicos, insectidas, tintes, etc., tienen peor esperma.

ALCOHOL. Más de tres copas al día reducen la concentración y la movilidad de los espermatozoides. El consumo moderado no incide en la calidad.

fuente: Quo

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