Los trastornos del Espectro de Autismo (ASD, por sus siglas en inglés) son un grupo de discapacidades del desarrollo que duran toda la vida y que son causadas por anormalidades del cerebro. Los ASD se caracterizan por problemas en las aptitudes de comunicación y de interacción social, y por la necesidad de que todo permanezca igual o de un comportamiento repetitivo. Los ASD incluyen el trastorno autista, el trastorno dominante del desarrollo - sin mayor especificación (también conocido como autismo atípico), y el trastorno de Asperger.

Por lo general requieren de muchísima atención de parte de los padres y el grupo familiar en general. En casos de niños con autismo sumamente severo, será necesario alimentarlos, vestirlos y cambiarlos hasta que aprendan a hacerse cargo de sus propias necesidades. Se sabe muy poco acerca de qué es lo que causa los ASD, aunque se ha sugerido que ciertos factores genéticos y ambientales pueden tener incidencia. No hay una cura para estos trastornos, pero una educación intensa y temprana puede ayudar a los niños a desarrollar ciertas aptitudes. Asimismo, si bien las medicinas actuales no pueden curar los ASD, algunas logran disminuir los síntomas asociados con el trastorno.

El desarrollar una rutina estructurada para el cuidado de la persona con autismo ha demostrado ser un instrumento eficaz no sólo para el adelanto del niño, sino para la preservar la integridad de su familia. A veces se mal interpreta la necesidad de cuidados que tienen las personas con ASD. Asistirlos no significa protegerlos del mundo, sino enseñarles a relacionarse con él. Las personas con autismo necesitan aprender a adaptarse y hacer frente a la vida en la mejor forma posible, y ese aprendizaje deberá ser sistemática a largo plazo. El compromiso que toman los padres y el entorno de una persona con ASD es de por vida.

Situación familiar

Un bebé, al nacer, comenzará a incorporar información necesaria para desenvolverse en la vida, desarrollando lo que se conoce como los hábitos de socialización. Esta información le viene dada a través de su relación con su madre en un primer momento, con los demás miembros de su familia luego y, por último, ese espectro se irá ampliando hacia la sociedad. Pero en ese proceso, no sólo será el niño el que se verá influenciado, sino también el entorno, sobre todo cuando el nuevo integrante tiene particularidades como, en este caso, el autismo.

En los niños que padecen ASD es justamente la capacidad de socialización la que se verá afectada y, por lo tanto, la oportunidad del niño de incorporar habilidades para el desarrollo normal e independiente de todos los aspectos de su vida.

Las familias con hijos autistas no pueden ser catalogadas como más o menos felices que aquellas con hijos sin problemas de este tipo. La felicidad no es la consecuencia de la falta de problemas, sino de la manera en que podamos resolverlos y de la riqueza del proceso mediante.

Es verdad que los padres de niños con autismo pueden experimentar angustia, dolor o confusión. Que necesitarán tal vez mucha más paciencia y entereza, así como una mayor inversión de tiempo y dinero. Pero también es cierto que a veces es en consecuencia de estos procesos como un grupo familiar logra su unión y crecimiento.

Además de los padres, sobre los cuales recaerá una inmensa tarea, los hermanos de un niño con ASD son quizás los que pueden sentirse más afectados por la situación. Ellos verán que el nuevo integrante de la familia recibe muchos más cuidados y atención y, a la vez, no se muestra sociable ni comparte juegos ni tareas.

Muchas veces preferirán hacer actividades fuera del hogar, ya que al traer a casa a amigos y compañeros de estudio o juegos podrán suscitarse situaciones tensionantes.

Será necesario hacerles comprender que ese niño necesita mayor atención no porque sea más importante, sino porque tiene capacidades diferentes y que, con su cooperación, su hermano o hermana podrá salir adelante y lograr su mayor potencial.

Por supuesto que hay muchas maneras en que una familia con un integrante con ASD puede recibir ayuda, y no se debería dudar en recurrir a algunas de ellas. Existen grupos de autoayuda para padres y familiares y terapias especiales para los integrantes de la familia.

Pero no se debe olvidar a los demás miembros de la familia, como abuelos, tíos, primos, etc., y también a la comunidad cercana, como vecinos y compañeros de trabajo o estudio. Ellos podrán brindar un inmenso apoyo si antes reciben información sobre el problema concreto, y podrán convertirse en un gran alivio y ayuda.

Fuente:Latin-Salud