
Cada vez son más los inmigrantes que vienen a nuestro país en busca de una vida mejor para ellos y su familia. Esto trae consigo una serie de problemas de adaptación y de integración que tanto ellos como nosotros tendremos que ir solucionando. Es necesario mantener una convivencia pacífica e integradora en beneficio de todos.
1. Racismo y xenofobia
El problema fundamental al que hay que hacer frente para que se produzca la integración de los inmigrantes es el racismo y la xenofobia. Esto representa una amenaza para nuestra sociedad y una fuente de violencia, agresividad y discriminación. Es necesario realizar una lucha activa contra estas amenazas y poner todos los medios para combatirlas.
Racismo y xenofobia son términos diferentes, aunque presentan algunas connotaciones parecidas.
El racismo es el conjunto de teorías y creencias que establece la diferencia racial y supremacía de unos pueblos sobre otros. Es una doctrina ideológica que exacerba el sentido racial de un grupo étnico, especialmente cuando conviven uno con otros.
La xenofobia es una actitud hostil y de rechazo hacia los extranjeros, los inmigrantes, las personas que vienen de otros países para quedarse a vivir en el nuestro temporal o definitivamente.
En ocasiones, la xenofobia se produce por causas económicos, los inmigrantes se convierten en nuestros competidores en la búsqueda de empleo y aceptan sueldos tan bajos que hacen que se abaraten algunos puestos de trabajo.
Los prejuicios que algunas personas tienen hacia los inmigrantes no suelen darse en aquellos que poseen un alto nivel económico. Ellos siempre son bien recibidos en todas partes, cosa que no ocurre con los que poseen escasos recursos. Éstos, por el contrario, son víctimas de prejuicios y actitudes de desprecio o rechazo.
2. La situación del inmigrante
La inmigración se produce por la situación de pobreza y las escasas oportunidades de salir de ella o de prosperar, que algunas personas tienen en su país de origen. Se encuentran ante la necesidad de emigrar y vivir en otro país económicamente más próspero para buscar una solución a esa situación.
El objetivo de la mayoría de los inmigrantes es mejorar su calidad de vida y la de sus familias. Desean encontrar un trabajo que les permita ahorrar dinero para mandarlo a sus familiares. Suelen ser trabajos muy duros y con sueldos bajos, siendo poco el dinero que les queda para mandarles, pero la cantidad que les llega es alta con relación a nuestro país, debido a la diferencia del nivel de vida.
Pensamos mucho en los efectos y las consecuencias de la inmigración, sobre la delincuencia que puede generar o si nos quitan puestos de trabajo. Pero rara vez pensamos en el inmigrante y sus sentimientos. Los prejuzgamos y no consideramos la situación tan extrema en la que se han tenido que encontrar para dejar su país, familia, costumbres, idioma y amigos, o como sucede, en algunos casos, para arriesgar su vida en el intento de ir hacia un mundo mejor.
El inmigrante tiene que realizar un gran esfuerzo para adaptarse. Su deseo de emigrar se transforma en una dura realidad cuando llegan a nuestro país o a cualquier otro. Tienen que habituarse a los grandes cambios que sufre su vida en distintos aspectos y a hacer frente a los problemas y dificultades que eso conlleva.
Se encuentran solos, sin familia y sin amigos. El lenguaje, en muchos casos, es diferente y en poco tiempo tienen que aprenderlo para poder comunicarse. Las costumbres y forma de vida son distintas, desconocen la ciudad y se encuentran, muchas veces, ante una sociedad hostil que los trata con prejuicios, se enfrentan a un trabajo nuevo, comparten vivienda con personas que apenas conocen, etc.; todo esto les genera mucha tensión y conlleva una serie de cambios psicológicos muy intensos.

3. Facilitar la integración
Es necesario facilitarles el proceso de adaptación y, sobre todo, no complicarles ni dificultarles su estancia en nuestro país. Si conseguimos que se integren plenamente en nuestra sociedad, evitaremos problemas y lograremos que la convivencia sea más sencilla para todos. Para ello debemos:
- Actitud antiracista. Tomar una actitud claramente contraria al racismo y manifestar nuestro rechazo ante cualquier comentario o chiste con tilde racista. Toda persona merece nuestro respeto independientemente de su raza, color, religión o nacionalidad.
- Educar en la tolerancia y la paz. Estimular la empatía hacia los inmigrantes y educar en la tolerancia mutua, los derechos humanos, la solidaridad, el respeto por otras culturas y religiones. Buscar siempre una convivencia pacífica.
- Mentalizarse de un futuro multicultural. Transmitir pensamientos de unidad entre todas las razas y culturas, y educar con la idea de que la sociedad del futuro será una sociedad multicultural. De nuestras actitudes dependerá tener una convivencia pacífica e integradora. Todo el mundo tiene que mentalizarse del cambio que está sufriendo nuestra sociedad y prepararse para aceptar y respetar a otros.
- Luchar contra la injusticia. Concienciar a las personas de la obligación moral y ética de tratar a todos por igual y no permitir ningún tipo de injusticias. Debemos denunciar las injusticias salariales, la discriminación en la búsqueda de empleo y la negativa de alquilar una vivienda a los inmigrantes. Tenemos que luchar contra la falta de igualdad de oportunidades.
- Pensar en sus ventajas. Es conveniente pensar en positivo, considerando los beneficios de la inmigración: aumentan de la natalidad, generan más cotizaciones a la seguridad social, impulsan la economía en sectores donde la mano de obra es barata y favorecen el conocimiento de otras culturas.
- Adaptarse al país que nos acoge. El inmigrante también tiene que adecuarse a la cultura en la que se está insertando y ser también respetuoso con las tradiciones, cultura, costumbres y pensamientos de los hombres y mujeres del país en el que vive. Un inmigrante, por ejemplo, no puede pedir un trato de igualdad en su trabajo, en su colegio, etc. y no respetar los derechos de igualdad de la mujer.
4. Aceptación en las escuelas
La inmigración está planteando serios problemas de adaptación en las escuelas. Por un lado, nuestro sistema educativo aún no contempla una integración seria en este aspecto y, por otro lado, las familias de estos alumnos suelen tener un nivel socioeconómico más bajo que el de los alumnos españoles. Esto supone, por lo general, una menor implicación escolar de los padres y, en consecuencia, un menor seguimiento en sus resultados académicos.
Pero el problema fundamental está en la integración de los alumnos de origen inmigrante con el resto de los niños españoles. Para que la integración se produzca plenamente, es necesaria la intervención tanto de profesores como de los padres.
Los profesores no deben permitir ningún tipo de discriminación dentro del colegio ni comentario prejuicioso. Deberían incentivar un acercamiento hacia estos alumnos y su cultura, desarrollando actividades que permitan un mayor conocimiento de su cultura e informando sobre los derechos humanos.
Por su parte, los padres han de actuar despertando en sus hijos el interés por conocer a las personas que les rodean y enseñándoles a aceptar costumbres diferentes. Deben enseñar a sus hijos el respeto hacia los demás y el valor de la justicia y la tolerancia.
Por otro lado, los padres de estos niños inmigrantes deben adaptarse a la situación y a las costumbres del país que los acoge, y respetarlos y enseñarles a a sus hijos a respetarlos.
Es necesario que los hijos de los inmigrantes estén plenamente integrados en las escuelas. Esto facilita su futura integración en la sociedad como adultos.
Fuente: Trinidad Aparicio Pérez
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