
Hay quienes lucen su calva con orgullo y quienes no pueden soportar haber dejado el peine olvidado en lo profundo de un cajón. Para éstos últimos existen soluciones que van más allá de la resignación y de lociones de dudoso origen y nula eficacia.
No hace tanto que ser calvo se consideraba un rasgo físico del mismo orden que llevar gafas, ser bajito o tener los ojos de un color determinado, es decir, una característica del aspecto externo difícilmente modificable. Hoy existen lentillas que sustituyen a las gafas o cambian el tono de la mirada y aunque no se ha inventado nada para ganar unos centímetros de altura, todo puede llegar. De la misma forma, en nuestros días es posible combatir la alopecia, o al menos paliarla, y prevenir su aparición. Está claro que no se trata de un problema que comprometa la vida de nadie, pero también que hay quienes lo aceptan de mal grado y no se resignan a perder la cabellera sin más.
Tipos de alopecia
En primer lugar, no todas las alopecias tienen las mismas características. La llamada androgenética, que es la que sufren la mayor parte de los hombres, puede comenzar entre los 20 y 30 años de edad y progresa con más o menos rapidez. Su origen se encuentra en factores genéticos, cambios que afectan al tamaño del bulbo y del cuerpo del pelo, así como en un aumento de los cabellos en forma de reposo y una disminución de los que se encuentran en fase de crecimiento. Por su parte, la alopecia femenina suele estar asociada a cuestiones hormonales (un descenso en la producción de estrógenos) aunque también influyen aspectos hereditarios y el abuso de moños y colas que someten el pelo a una tracción constante. La alopecia areata se caracteriza por una pérdida de cabello en forma de parches en una o varias zonas de la cabeza y está relacionada con factores hereditarios, reacciones inmunes y estrés emocional. Este último también puede provocar la alopecia difusa, que a veces radica en causas tan diversas como las dietas de choque, el postparto y la fiebre alta. En general, esta clase alopecia remite cuando se alivian los trastornos que la originan.
Tratamientos eficaces
La historia está llena de supuestos remedios milagrosos para combatir la alopecia, crecepelos capaces de devolver a las calvas más brillantes el cabello más firme y sedoso. La mayor parte de estas soluciones rayan en lo engañoso. Los estudios científicos y las investigaciones médicas rigurosas, hoy por hoy, sólo avalan un tratamiento verdaderamente eficaz contra la calvicie: Propecia. Este fármaco cuenta con un principio activo llamado finasteride el cual actúa inhibiendo una enzima relacionada con la testosterona y presente en los funículos pilosos, de tal forma que detiene la caída del pelo. Propecia es capaz de frenar la calvicie cuando el proceso aun se encuentra en un momento reversible. Actúa sobre todo en la zona de la coronilla y las entradas, la mejoría es progresiva y resulta eficaz en un 85% de los hombres. Por el momento, está contraindicado en las mujeres, pero no se conocen efectos secundarios indeseables en los hombres. Minoxidil es otra fórmula que está dando buenos resultados. Se trata de un vasodilatador de uso tópico que pueden emplear varones y mujeres, pero cuyo uso debe ser continuado, ya que si pasan más de cuatro meses sin utilizarlo, se pierde todo el beneficio obtenido.
Ciertas deficiencias nutricionales pueden contribuir a la calvicie, lo que no quiere decir que su ingesta por toneladas consiga revertir el proceso. Las vitaminas A, B, C, así como el cobre, el hierro y el zinc tienen una influencia directa en la fortaleza del cabello. Una deficiencia de vitamina A lleva a un aumento de células muertas en el cuero cabelludo, mientras que las vitaminas del grupo B mejoran el aporte de oxígeno y sangre al pelo que, si carece de ambos, termina por caerse. La vitamina C está involucrada en la formación del colágeno que interviene en el buen estado de los tejidos de cuerpo, incluidos la piel y el cabello. Por su parte, una deficiencia de hierro da lugar a la anemia, trastorno que también afecta al cabello y la escasez de zinc influye en el desarrollo de caspa, que está ligada a la pérdida de pelo. Asimismo, el cobre es esencial para la formación de hemoglobina y el suministro de sangre al cuero cabelludo.
Fortalecer el cabello
Respecto a los remedios naturales, hay que tener en cuenta que pueden mejorar la fortaleza y el aspecto del cabello, pero no está probada su eficacia a la hora de hacer crecer el pelo perdido. Existen soluciones a base jugo de berros, que se elabora con 100 gramos de la verdura licuados en agua y aplicados sobre la cabeza; bálsamo con cebolla, que se prepara hirviendo esta última en agua; y aceite de oliva con nuez, que se realiza mezclando ambos ingredientes, dejando reposar la fórmula una semana y luego masajeando con ella el pelo.
Otra opción para combatir la calvicie son los trasplantes de cabello. Una variedad es el autotrasplante pelo a pelo para el que se emplean técnicas microscópicas y que suele dar buenos resultados. Eso sí, hay que ponerse en manos de un profesional reputado y tener en cuenta que el tratamiento produce molestias y es imprescindible tomar antiiflamatorios y antibióticos tras la intervención. Una cuestión importante es que no hay que someterse nunca a trasplantes de pelo artificial, ya que es posible que aparezcan reacciones adversas y rechazo.
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