Tomar mucho líquido, permanecer en ambientes refrigerados... Unos sencillos hábitos y los propios mecanismos de defensa del organismo bastan para soportar mejor las altas temperaturas.

Un ambiente caluroso es uno de los signos más inequívocos de la llegada del buen tiempo. Y, para adaptarse a este aumento de las temperaturas, nuestro cuerpo dispone de dos mecanismos básicos: la vasodilatación periférica (dilatación de los capilares para aumentar la zona de intercambio de calor con la superficie) y el sudor (solución acuosa de sales y algunas sustancias de desecho cuyo objetivo fundamental es evaporarse y enfriar la piel).

Con sentido común
Pero, aparte de estos mecanismos naturales, la mejor forma de hacer más llevadero el calor es seguir unas sencillas recomendaciones:

  • Tomar muchos líquidos (de dos a tres litros diarios), independientemente del nivel de actividad). Lo mejor es el agua (que no debe estar muy fría para que no provoque dolor de estómago), aunque las bebidas isotónicas también ayudan a mantener óptimos los niveles de sales minerales que se pierden con el sudor. Conviene evitar las bebidas alcohólicas o con cafeína, ya que causan una mayor pérdida de líquidos.
  • Procurar que la casa esté bien refrigerada. Los aparatos de aire acondicionado transforman el aire cálido de una habitación en aire fresco, ayudando al cuerpo a mantener durante más tiempo una temperatura óptima cuando se enfrente al calor. A la hora de conectarlos, se recomienda fijar una temperatura media de 20 grados.
  • Al salir a la calle en días especialmente calurosos hay que protegerse de los rayos solares aplicándose, 30 minutos antes de exponerse al sol, una crema con un factor protector adecuado a las necesidades y características de nuestra piel. Conviene, además, usar ropa ligera y holgada, de fibra natural y colores claros, y unas gafas de sol.
  • La alimentación también puede ser una gran baza contra el calor. Conviene aumentar el consumo de frutas y verduras frescas, ya que tienen vitaminas, agua y sales minerales que previenen la deshidratación.
  • Hay que procurar planear las actividades que requieran mayor desgaste físico a primera hora de la mañana o al atardecer, cuando las temperaturas no son tan elevadas.

Más sensibles
Por otro lado, si no es excesivo, el calor no tiene por qué afectar a nuestro organismo. Lo que sí es cierto es que existen ciertos grupos de personas que son especialmente sensibles a sus efectos, como los menores de 5 años, ya que no tienen desarrollados todos los mecanismos que regulan su temperatura corporal, los mayores de 65 años y los deportistas que, por ejemplo, sufren una mayor propensión a tener calambres debido a la pérdida de sales minerales y de agua que ocasiona el calor. Cuando el calor aprieta
A veces, los mecanismos de defensa del organismo ante el calor no resultan suficientes y provocan diversos trastornos que conviene prevenir o solucionar.

  • Vahídos: problema común que se identifica por cierta dificultad para respirar y sensación de mareo. Unos momentos de reposo a la sombra o colocar las muñecas bajo agua fría bastan para recuperarse.
  • Agotamiento: se caracteriza por sudor excesivo, palidez, calambres, cansancio extremo, mareos, náuseas o vómitos. Una bebida fría, descanso, un baño con agua fresca, ropa ligera y un lugar con aire acondicionado pueden ayudar a recuperar fuerzas.
  • Golpe de calor: se reconoce por un aumento súbito de la temperatura corporal (hasta 41 grados C), piel caliente y seca (sin sudor), pulso acelerado, dolor de cabeza, náuseas y pérdida de conciencia. Requiere asistencia médica inmediata

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