Prácticamente todos los seres humanos experimentamos sueños eróticos, pero pocos hablan de ellos debido a que pueden ser rubirizantes y tocan temas tabú en la sociedad occidental; lo cierto es que, al igual que las fantasías, pueden ayudarnos a comprender nuestra sexualidad, deseos y personalidad. ¿Quiere saber por qué?

Aunque no es sencillo definir la sexualidad, podemos afirmar que se trata de una dimensión de la personalidad humana, y una energía que determina la relación del individuo con su entorno. En efecto, hablamos de una función biológica natural ligada a la reproducción, pero cabe decir que no se limita a la atracción entre individuos, sino que también involucra la percepción que se tiene de uno mismo, de los demás, y la manera en que se expresan sentimientos y afecto.

Es por ello que, además de su evidente manifestación al mantener relaciones íntimas, la sexualidad de mujeres y hombres es muy compleja y se muestra a través de vías y formas muy diversas, las cuales van de ternura, enamoramiento, lenguaje corporal o necesidad de besarse y acariciarse, a las fantasías, masturbación y, por supuesto, sueños eróticos.

Sobre estos últimos hay que decir que algo tienen de inquietante y de particular para quien los experimenta, tanto así que luego de que se ha tenido uno muy intenso pueden surgir emociones de pena, entusiasmo, desconcierto, remordimiento o miedo, pero nunca indiferencia. No es para menos, ya que rara vez expresan situaciones similares al comportamiento sexual que tenemos cuando estamos despiertos, y en ellos se permiten toda serie de situaciones descabelladas, violentas, graciosas o dramáticas, siempre con peculiar mezcla de irrealidad y sensualidad.

Cuenta una mujer: "Soñé que mi novio y yo regresábamos de largo viaje en automóvil, y paramos en una gasolinera para cargar combustible; decidí aprovechar la pausa y fui a los sanitarios. El encargado se aseaba las manos y se disculpó por estar en el lavabo de señoras, pero lo hacía, según me comentó, porque el de caballeros no servía. Le dije que no importaba.

"Cuando terminé de orinar, el encargado seguía allí, mirándome. Me abrazó por detrás y empezó a besarme en el cuello. Me desabrochó la blusa y me acarició los senos; después me sentó en el lavabo, se desabrochó el pantalón e hicimos el amor allí, de pie, en los baños de la gasolinera. Luego salió a cobrarle a mi novio, como si nada. Me subí al coche y continuamos el recorrido a casa".

Gran parte del contenido de estos sueños es claramente sexual, y en ellos aparecen imágenes relacionadas con la excitación y el coito, los cuales, aunque no siempre, pueden revelar necesidades emocionales ocultas, como temor a la intimidad o deseo de experimentar con la pareja; también pueden ser señal de alerta frente a determinadas relaciones interpersonales o presentan situaciones de angustia, frustración y terror, que muchas veces son el reflejo de miedos generados por tensión y violencia.

Inicio de la sexualidad
La vida sexual de todo ser humano inicia a temprana edad, tanto así que a los dos años de vida, aproximadamente, es común que la niña o el niño descubra sensaciones placenteras al dar masaje o estimular sus genitales mientras juega a balancearse con una pelota o en el brazo de un sillón. Este tipo de experiencias no desaparecen, sino que se vuelven más específicas e íntimas.

En la pubertad, que inicia alrededor de los 12 años y marca el inicio de la maduración del cuerpo y sus órganos reproductores, los sentimientos sexuales se vuelven más intensos y la masturbación se vuelve común. A la par, los jóvenes comienzan a experimentar los llamados sueños mojados o húmedos, con fuerte contenido erótico que genera orgasmos espontáneos al dormir, acompañados de eyaculación y secreciones vaginales, según sea el caso.

Quizá porque la sexualidad es un tema tabú y porque la presión social o familiar al respecto se encuentra muy presente durante la adolescencia, los jóvenes se asustan por los contenidos, lo real de las sensaciones vividas en sus sueños, e incluso llegan a sentirse incómodos por la humedad; no logran explicar qué es lo que está pasando, más aun si no reciben orientación sobre los cambios en su organismo y, en vez de esto, se les inculcan miedos a través de prejuicios morales.

En esta etapa es importante que los padres comprendan la situación que experimentan sus hijos, además de que es indispensable que consideren que si bien cualquier muchacho de 13 ó 14 años está ya en posibilidad de tener relaciones íntimas o procrear hijos, el hecho de que experimenten sueños eróticos o hagan preguntas sobre salud reproductiva no significa que deseen iniciar su vida sexual, o que ésta será desorganizada y peligrosa con el paso del tiempo.

Cabe indicar que diferentes estudios sobre comportamiento humano han demostrado que el desarrollo de una vida sexual plena y saludable no proviene de la represión, sino de la adecuada información que los muchachos reciban desde temprana edad sobre su organismo, reproducción, métodos anticonceptivos y temas relacionados con el comportamiento íntimo, siempre expuestos de manera clara y comprensiva, y no mediante regaños y amenazas.

Los padres se pueden sentir incómodos con el desarrollo de la vida sexual de sus chicos, pero el deseo de placer es un instinto natural. Asimismo, se debe tomar en cuenta que los sueños húmedos no son parte exclusiva de un período de desarrollo, sino que una vez que comienzan, se extienden por toda la vida y pueden experimentarse incluso al mantener relaciones constantes con su pareja o durante el matrimonio, si bien se observa la tendencia general de que estos episodios disminuyen cuando hay más actividad sexual en la vida real.

Cada sexo con sus sueños
Socialmente se suele otorgar al hombre el papel dominante, a la vez que se cree que es más activo sexualmente; como consecuencia lógica, también se piensa que tiene más sueños eróticos; empero, este hecho ha sido desmentido desde hace varias décadas por estudios sobre sexualidad en los que entre el 50% y 70% de las mujeres consultadas anónimamente afirman haber tenido este tipo de experiencias mientras duermen, pero también aseguran que no lo externan por la educación que han recibido y a que son más pudorosas para pronunciarse abiertamente sobre estos temas.

Y precisamente los roles asignados por la sociedad son responsables en gran medida del comportamiento que se tiene al dormir. Por ello, los varones suelen reportar que en sus sueños aparecen mujeres fogosas y desinhibidas que los desean apasionadamente y que están dispuestas a cumplir sus fantasías eróticas, de modo que prevalecen los contenidos de conquista, dominación o placer que se suelen inculcar a través de estereotipos aceptados.

Manifiesta un joven: "Soñé que me encontraba en la época medieval, y me dirigía a una aldea lejana, donde tenía que luchar contra un dragón; viajé sobre mi caballo, pero con tan mala suerte que me perdí. Anochecía y me sentía asustado, pues me encontraba en tierras extrañas y no sabía con qué peligros podría encontrarme; por fortuna observé un castillo a lo lejos y me dirigí hacia él.

"Llamé a la puerta y salió un sirviente, que me permitió pasar y me guió hacia un salón para hablar con su rey. Me atendieron muy bien y me ofrecieron una de las mejores habitaciones del castillo; estaba a punto de meterme en la cama cuando sonó la puerta, y entró una de las sirvientas enviada por su amo. Se metió en mi cama sin decir ni una palabra, y empezó a tocarme y acariciarme; supuse que sería costumbre o un gesto hospitalario. Me quitó la ropa, se puso encima de mi, moviéndose muy despacio, pero se notaba experimentada. Cuando terminó, es decir, cuando llegué al orgasmo, se fue, sin decir nada. Me levanté de madrugada y me fui, sin más".

Estos estereotipos también pueden pesar en el individuo y hacerle sentir "la necesidad" de llevar una vida sexual acorde con lo socialmente exigido con su edad y masculinidad, pero a la vez esto se contrapone con sus deseos reales, como ocurre en este curioso sueño narrado por un joven: "Tres años antes de mi primera relación, soñé que estaba en casa de una amiga, después de una fiesta, y dormitaba en un sillón de su sala. Como su recámara estaba también en el primer piso, veía de reojo que se colocaba su ropa para dormir, que era satinada y se transparentaba, por lo que podía observar sus senos. Luego volteó y me descubrió espiándola, así que se acercó a mí.

"En ese momento pensé que debería portarme como un conquistador para seducirla y convencerla, aunque ella ya venía hacia mí muy decidida. Comenzó a acariciar mi entrepierna y me sentí muy excitado, pese a lo cual yo me trataba de mostrar como galán de película y con mucho control sobre mis emociones; luego se inclinó, la besé profundamente, introduciendo mi lengua en su boca a la vez que recorría su cuerpo con mis manos.

"Ella se veía satisfecha y también muy excitada; me mostraba sus muslos discretamente y con coquetería cuando me preguntó: '¿Por qué te portas así, me quieres convencer de algo?' Al decirme eso sentí que tal vez me veía sobreactuado, pero lejos de cambiar mi postura le dije: 'yo soy así, y puedes conocerme más a fondo'. Ella me sonrió y, acto seguido, se dirigió a besar mi pie, pero lo que hizo fue morderme muy fuerte, con lo que se me olvidó mi pose, me asusté y desperté".

También se ha observado que mientras los varones suelen tener sueños eróticos con personajes anónimos, las mujeres suelen involucrar a alguien conocido, ya que la relación personal y duradera es un aspecto muy valorado por la psicología femenina, tal como se observa en el siguiente ejemplo: "Estaba en el gimnasio, sudorosa después de hacer ejercicio, e iba hacia el vestidor a ducharme y cambiarme; en la escalera me crucé con un muchacho bajito y muy delgado, con el pelo rapado, que llevaba una camiseta negra de tirantes, un tatuaje de un delfín en el hombro y botines negros para hacer deporte.

"Él me miró al cruzarnos en la escalera y yo me quedé observándolo, cuando se enganchó su pulsera en mi toalla. Me pidió perdón, pero no podíamos soltarnos, y al pegarle un tirón se rompió su cadenita y salió volando. El muchacho me seguía mirando, pero no enfadado, sino que empezó a sonreír y yo me lancé en sus brazos. Hicimos el amor en la escalera, en el vestidor, en la sala de ejercicio; él encima, yo encima, de pie... como en las películas. Resultó ser un amante estupendo. Esa persona existe, y acude al mismo gimnasio que yo, pero nunca me había fijado en él".

Empero, en el mundo de los sueños también se presentan circunstancias negativas, como el sexismo existente en la sociedad humana, el cual se reafirma a través de estructuras ideológicas como la religión o medios informativos, y que hace que las mujeres se sientan vulnerables, incluso quienes son fuertes y decididas en la vida diaria, tal como se ve en este ejemplo: "Trabajaba como mesera en una cantina de mala muerte, llena de borrachos que me metían mano sin ningún disimulo; era la tradición: podían tocarme lo que quisieran mientras no estuviera casada. Me casaría con el que más placer me proporcionara y, mientras tanto, podía hacer lo que quisiera con ellos".

Lo cierto es que los sueños reflejan la manera en que una persona, un género y una sociedad viven su sexualidad, pero también dan lugar a la reflexión sobre el papel que cada individuo desempeña, y lo puede guiar discretamente a cuestionarse sobre sus ideas preconcebidas, como aquella en que se cree que el sexo más "estimulante" es el que va ligado a la fuerza y a la dominación.

Anhelos, temores, fantasías
Cabe indicar que aunque el tema de los sueños está lleno de teorías psicológicas e interpretaciones contrapuestas, la opinión de los especialistas coincide en dos puntos: primeramente, que no es posible señalar la presencia de un trastorno mental o conductual en una persona por tener sueños eróticos, y segundo, que estos episodios pueden basarse en información obtenida en la vida cotidiana, pero que se expresa de manera metafórica, es decir, a través de símbolos cuya interpretación no es literal.

Esto es importante debido a que el contenido de muchos de los eventos que ocurren al dormir pueden resultar "alarmantes" y se mantienen tortuosamente en secreto por vergüenza hacia los demás; por ejemplo, tener un sueño en el que se mantienen relaciones con una persona del mismo sexo o con alguno de los padres puede generar confusión y malestar, además de que se ocultará por temor a la reacción de otros, quienes podrían calificar al individuo de tener tendencias homosexuales, perversas o incestuosas.

Lo cierto es que la identificación de un problema conductual no depende de los juicios y prejuicios que pudieran tener terceros sobre los sueños de un individuo, ya que las distintas escuelas de psicología enseñan que los contenidos de estos episodios nocturnos son individuales, con significado único y particular para el soñante, no para su entorno social, y que los mensajes expresados emplean siempre un lenguaje simbólico, por lo que las interpretaciones literales rara vez son válidas.

Por ello, se debe considerar que la detección de un malestar anímico, en efecto, puede manifestarse durante un sueño, pero no ocurre como un hecho aislado, sino que forma parte de un período en el que se presentan dificultades notables o se padece desánimo, mal humor, malestar interior, sensación de vacío, angustia, insomnio o estado de queja constante, desagrado por mantener relaciones íntimas o escaso deseo de convivir con otros individuos; en estos casos, evidentemente, sí se requerirá la ayuda de un especialista.

Asimismo, cabe indicar que una mujer puede soñar con algún episodio de abuso sexual, y ello no significa que anhele ser tratada de esta manera, como ciertos prejuicios suelen difundir; al contrario, los psicoterapeutas y algunas encuestas realizadas dentro de la sociedad estadounidense muestran que los encuentros y escenas aterradoras, dolorosas y frustrantes en lo sueños eróticos femeninos han aumentado a la par de la violencia, física o psicológica, y por la frustración provocada por el estilo de vida en aquélla nación.

De esta manera, y a diferencia del planteamiento original de algunas escuelas psicológicas en las que se pensó que los sueños eróticos eran sólo la manifestación de deseos reprimidos, ahora sabemos que cuando son desagradables y agresivos pueden ser la vitrina de temores que reflejan sensaciones de malestar existentes durante el estado de vigilia.

Podemos concluir que es bueno prestar atención a los sueños, pero con prudencia, ya que pueden significar algo muy distinto de lo que aparentan o de lo que algunos libros de interpretaciones suelen decir, debido a que, al ser mensajes del inconsciente, se basan en un lenguaje propio y, por ello, si crean una situación emocional conflictiva o están inmersos en periodos de malestar continuo, lo más conveniente es acudir al psicólogo o psicoanalista, y no hacer conjeturas que puedan llevarnos a falsas conclusiones.

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