
El mundo de las fantasías es trasgresor por naturaleza. Fantasear responde a la necesidad de cambiar e innovar y hacer cosas que habitualmente no nos atreveríamos o no querríamos hacer. Al proyectar tales aspiraciones en el mundo de la fantasía, podemos hacer las cosas exactamente como nos gustaría, sin correr ningún riesgo. Las fantasías eróticas tienen, pues, un carácter liberador y lúdico. ¡Son perfectas!
El 28% de las mujeres fantasea con hacer cosas que no se atreverían a hacer en la vida real. Eso admite prácticamente cualquier cosa, el exhibicionismo incluido. Una de las fantasías favoritas, tanto de hombres como de mujeres, es la de ser contemplados mientras se mantiene alguna clase de actividad sexual.
¿Por qué se fantasea con este tipo de práctica sexual? Porque se satisface la curiosidad, o la necesidad, de mostrar a los otros la propia intimidad; algo que no suele hacerse en la realidad porque somos muy celosos de ella. Y suele fantasearse ese tipo de práctica con la idea (siempre en el mundo de las fantasías) de excitar a los potenciales observadores, o de excitarse más una misma; otras veces se hace como un simple espectáculo; o todo ello a la vez.
El excitante riesgo de ser pillados
Pero hacerlo en un lugar publico tiene otro aliciente. Correr el riesgo de que ocurra algo que ha sido muy temido durante la infancia y la adolescencia: que alguien (habitualmente los padres, o cualquier adulto) nos pille practicando alguna actividad sexual más o menos inconfesable.
Ese riesgo a ser pillados genera una situación que añade excitación a la excitación. De ese modo, se añade al deseo de mostrar nuestra intimidad más privada a otros ajenos a nosotras el riesgo de ser descubiertas como un ingrediente más de excitación. Pero al hacerlo en la fantasía, el riesgo es sólo teórico. Se juega a 'mostrarse a los demás', a 'ser pillada en plena actividad sexual'. Pero es sólo eso: un juego. En la realidad, lo habitual es preferir ser tragada por la tierra antes de encontrarse en una situación semejante. De ahí su carácter excitante.
Claro que, con frecuencia, deseamos, o necesitamos, poner en práctica alguna de nuestras fantasías. Por eso, hacerlo en lugares públicos, de verdad, es algo a lo que se acude con cierta frecuencia. Incluso, se está poniendo de moda (una moda que raya en la delincuencia, por cierto). Se necesita sentir una emoción más fuerte que la simple fantasía y se pone en práctica..., aunque siempre de un modo controlado.
La conclusión es que se mantienen actividades sexuales en público, o en semipúblico, con la fantasía de ser pilladas, pero se ponen los medios para que eso no sea posible.
Lugares públicos más habituales
Por eso hay gente que tiene la experiencia de haber escuchado una actividad sexual (solitaria o en pareja) en los probadores de los grandes almacenes o en los aseos públicos de restaurantes, bares, discotecas,... También se observan con cierta frecuencia ciertos juegos o toqueteos bajo las mesas de restaurantes y cafeterías.
En realidad, el deseo de tener actividades sexuales en lugares públicos carece de fronteras y cualquier lugar es bueno para hacerlo. Pero siempre tienen la condición de que la huida, en caso de ser descubiertas, sea posible.
Desde muy antiguo ha sido relativamente frecuente ver a parejas en lugares oscuros o en jardines más o menos concurridos (más bien menos que más) realizando actividades sexuales. Pero eso no entra en esta categoría. Más bien se trata de gente que no tienen otro lugar donde mantener relaciones sexuales y lo hacen donde pueden o donde les pilla la llamarada de la pasión.
Fuente:Sawebsos
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