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Si caminando por nuestra ciudad decidiéramos hacer esta pregunta a cualquier persona, obtendríamos casi siempre una opinión afirmativa con toda seguridad. Es muy posible también que usted también hubiese contestado afirmativamente a esta complicada pregunta. Pero, ¿qué hay de cierto en este tópico?

-La influencia de los factores sociales

Si atendemos a la práctica clínica, y nos centramos en la terapia de pareja, apreciamos que suele ser el hombre quien reclama una mayor cantidad de relaciones sexuales, convirtiéndose la escasez de sexo, en una de las quejas habituales del componente masculino de una pareja heterosexual que acude a consulta.

Un punto más a favor de la respuesta popular sería el hecho de que la pornografía tiene al hombre como consumidor mayoritario, fenómeno que se repite en el uso de la prostitución.

Pero no debemos dejarnos llevar por lo que creemos ver a primera vista. La pregunta a contestar ahora, para ir más allá, sería: ¿Se explicarían estos datos únicamente por el hecho de que el hombre tuviese un mayor deseo sexual que la mujer? Personalmente creo que no, al menos no únicamente por esto. La deseabilidad social puede estar jugando un papel importante.

El cumplimiento del rol (masculino y femenino), por la nombrada Deseabilidad Social, explicaría que algunos hombres no admitirían nunca tener un bajo deseo y quizás también que la pornografía no fuese consumida por un número mayor de mujeres. Si pensamos un poco, nos daremos cuenta de que nuestra sociedad no trata igual a una mujer que dice, por ejemplo, que no a una relación sexual con un hombre, que al varón que se niega a practicar sexo con una mujer.

Parece clara la importancia de los factores sociales en la producción de estos resultados, pero hilemos más fino con una nueva pregunta: “¿Sería suficiente la influencia de la Deseabilidad Social para explicar las diferencias encontradas?”

Es posible que la respuesta a esta pregunta sea “No”. Es decir, que a pesar de que “el aparentar” juega un papel importante, hay algo de cierto en la idea predominante de que los hombres tienen más necesidades sexuales que las mujeres. Pero si admitimos que así es, (hagamos una pregunta más para indagar en las profundidades): “¿Qué razones podríamos encontrar para explicar esto?”.

¿Por qué tienen mayor deseo los hombres?

Base hormonal
Son numerosos y variados los estudios que se han realizado con animales, para medir la influencia de la testosterona (hormona sexual masculina) en el deseo sexual. Y si bien es cierto que se ha demostrado la relación entre el nivel de testosterona en sangre y el deseo sexual (N. Morris, EEUU), también lo es que esto no significa que el hombre tenga que tener, debido a la mayor cantidad de testosterona que posee, un mayor deseo sexual.

El médico y psiquiatra John Bancroft, publicó un interesante artículo (El deseo sexual) en el que concluye que la testosterona tiene influencia en el deseo sexual, tanto en hombres como en mujeres, pero no de una manera exponencial (a más testosterona, más deseo), sino que llegados a la cantidad normal en hombres y en mujeres (distintas por supuesto), más hormona sexual masculina no provoca más deseo.

Sin embargo, no faltan los estudios que concluyen que es la mayor cantidad de testosterona en el hombre la que provoca mayor deseo.

Finalmente, como indica John Bancroft, en su artículo, todos los estudios que intentan relacionar hormonas-sexualidad, chocan con la dificultad de mediciones efectivas y cabe pensar que, en realidad, la actividad sexual en su conjunto dependa más de factores psicológicos.

Factores de aprendizaje
Según estas teorías, el motivo por el cual un hombre tendría mayor deseo sexual que una mujer obedece a razones de tipo educacional, es decir, el deseo sexual se aprende o más bien se entrena.

La explicación es la siguiente, el placer sexual, como intenso placer que es, activa los mismos núcleos cerebrales que se activan ante el placer de consumir cualquier droga (mesencéfalo, núcleo acumbens). Según esto, el deseo sexual y el de volver a consumir la sustancia funcionan de maneras similares.

Alguien que lleva un consumo habitual (de sexo o de sustancia), si deja de tener ese placer, empieza a notar el deseo de obtenerlo, se imagina la situación (fantasías), sueña con ello e intenta buscar la manera de obtener el placer. Si esa persona no consume la sustancia, o no realiza actividades sexuales durante un tiempo, acaba por ir apagando poco a poco el deseo de sustancia/sexo. De igual forma, si la persona consume habitualmente la sustancia/sexo, no existe ningún motivo para que el deseo disminuya.

Si compartimos esta idea, entenderemos fácilmente la lógica de los datos obtenidos por un estudio sobre masturbación, masculina y femenina, en el que se concluyó, que los adolescentes se masturbaban, una media de una vez al día, mientras que las adolescentes lo hacían entre 1 y 2 veces a la semana.

Lo curioso del estudio es que esta diferencia cuantitativa entre hombres y mujeres desaparecía al comparar a grupos de hombres y mujeres solteros, que habían pasado anteriormente por una relación de pareja, sexualmente satisfactoria.

Si tenemos en cuenta, lo que ha sido la educación sexual hasta ahora, reconoceremos que la educación sexual que recibe una niña es muy diferente a la que recibe un niño. Los mensajes represivos y anti-sexuales se encuentran sobre todo en la educación femenina. A los chicos se les permite y hasta deben alardear entre los amigos de actos como la masturbación.

Esto es bien distinto entre las chicas, confesar entre el grupo de iguales, que una se masturbaba, no era una práctica habitual. El sexo como manera de complacer al hombre. Preservar la virginidad a toda costa, etc. Podrían ser algunos de los mensajes que habrán, soportado las adolescentes.


Conclusiones:

A la luz de la teoría enunciada, la conclusión es clara:

- Un chico, empieza a masturbarse y es premiado por ello.
- Ve junto con sus compañeros las primeras películas pornográficas.
- Consigue premio social, quien consigue “llegar más lejos” en los ligues. Siendo el número uno aquel que pierde antes la virginidad.

Estos serían únicamente unos ejemplos que indicarían que el entrenamiento con el aparatare sexual no cesa en un hombre desde que aprende a masturbarse, sin embargo:

- Una chica, si se masturba se siente culpable por ello, obviamente no se lo cuenta a nadie, por miedo al castigo social, e incluso podría evitar la conducta.
- Nada de pornografía, es la norma general.
- Si llega demasiado lejos con un chico, se convierte en una “Puta”.

Con esto podríamos entender, que un hombre y una mujer que llegan juntos a su primera relación, parten de puestos diferentes, puesto que el hombre lleva consigo un historial de entrenamiento en deseo sexual mucho mayor. Es decir, ha cultivado mediante la masturbación las tierras del deseo.

No existen estudios concluyentes que contesten a nuestra pregunta, ni que certifiquen cual de las teorías anda en lo cierto, le queda a usted, con la información en la mano, concluir con una idea.

Por mi parte diré que puede que efectivamente la sociedad en la que vivimos sea todavía una sociedad en la que los hombres tengan un mayor deseo sexual que las mujeres. Pero en nuestra mano está que la generación venidera crezca con una correcta educación sobre la sexualidad, que les permita desear el placer sexual, tanto como un buen plato de su comida favorita.


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